martes, 13 de marzo de 2012

TEMA 12. El arranque de la modernidad poética: de Baudelaire al Modernismo.

    A finales del siglo XIX asistimos a un proceso de transición desde una historia europeísta hacia un nuevo orden mundial; proceso que desembocará, finalmente, en la Primera Guerra Mundial. Este conflicto bélico resultó ser especialmente traumático, ya que, por primera vez, se vive una guerra global en la que participan los países más poderosos del momento, que luchan, además, por la victoria total. 1914, por tanto, supone la ruptura definitiva con el siglo XIX: los valores que habían aportado seguridad al hombre europeo (el positivismo, el progreso, el pragmatismo, el materialismo) fracasan estrepitosamente. Se sufre, en consecuencia, el llamado “mal del siglo”: se extiende por la sociedad el convencimiento de que la realidad es incognoscible, de que existen hechos que escapan de la percepción sensorial, de que la razón no lo puede todo, de que Dios y la religión se difuminan como en una nebulosa…La población se ve sumergida en una sensación generalizada de pesimismo, de hastío vital, y, como es fácilmente deducible, este sentimiento de fracaso afectará de manera especial a una pequeña potencia insuficientemente desarrollada, como España, que se ve de pronto en el centro del conflicto mundial por su posesión de las colonias de Ultramar, territorios ambicionados por EEUU y que acabará por perder definitivamente en el “desastre” del 98.

                                         
 
  A principios del siglo XX, la concepción de la Literatura da un giro radical hacia una nueva sensibilidad artística, que defiende el arte por el arte y la renovación de una forma de escribir caduca, lo que no es sino un síntoma de ruptura definitiva con la sociedad decimonónica. El modernista, desde la peculiaridad de su atruendo hasta su frecuente radicalismo político, manifestaba no sólo su deseo de provocar, sino también su oposición al asfixiante conformismo; el artista bohemio se sentía al margen de la sociedad, rebelde ante ella y protestaba contra el orden burgués.  En este sentido, existe un evidente paralelismo entre el Modernismo y la rebelión romántica frente a la sociedad posterior a la primera revolución industrial.

RASGOS DE LA LITERATURA MODERNISTA

1. Renace el gusto romántico por épocas pretéritas (el pasado medieval) y por países exóticos. En España, los escritores de fin de siglo defienden el mito de una Castilla antimercantil, austera y espiritual, en la que ven la esencia de España.

2. Hay una especie de complacencia en lo mortecino y ruinoso (decadentismo).

3. Se extiende una sensación general de hastío vital (spleen), que choca con los ideales racionalistas propios de la sociedad burguesa. Es característico en los textos de los jóvenes escritores el enfrentamiento entre intelectualismo y vitalismo, de forma que, siguiendo a Schopenhauer, se defiende que el pensamiento y la reflexión conducen al dolor. 

4. Es muy frecuente en la literatura modernista la aparición del erotismo, a veces conviviendo con el decadentismo y el malditismo.

5.  Los modernistas desean saltar por encima de las fronteras, son cosmopolitas y su meca es París.

6. La insatisfacción con el mundo es la causa de la angustia existencial que lleva a estos escritores a buscar lo trascendente más allá de las apariencias, búsqueda que se manifiesta en un espiritualismo exacerbado, en la identificación de Dios con la naturaleza (panteísmo), en el interés por los fenómenos inconscientes y en la afición por doctrinas esotéricas.

7. Ese anhelo de trascendencia conduce a una nueva Estética en la que se exalta la Belleza como el ideal supremo: el esteticismo es un culto casi religioso a la Belleza.

 
LA POESÍA MODERNISTA
                                                        

   En las letras hispánicas, el Modernismo literario tiene su cuna en Hispanoamérica, donde se había iniciado una renovación estética en dos direcciones: renuncia a la retórica del Romanticismo hispanoamericano con la búsqueda de una nueva expresión que se halla en la literatura europea contemporánea, especialmente francesa, y, como reacción espiritual frente al materialismo y deshumanización del mundo, recuperación del trascendentalismo romántico europeo, que en la literatura castellana se había desarrollado con menos intensidad. El florecimiento de la literatura modernista hispaniamericana vendrá de la mano de escritores de la talla de Rubén Darío y José Martí, entre otros muchos.
 

 Importantísima es también la influencia de la literatura francesa en el arranque de la modernidad poética, en concreto de tres movimientos:

a) Parnasianismo: toma su nombre de la publicación en 1866 de una antología de jóvenes poetas franceses con el título de "Parnasse contemporain" y se desarrolla entre 1861 y 1876. Sus principales representantes son Banville y Ménard Coppée, que se agrupan en torno a la figura del poeta Leconte de Lisle. Los parnasianos defienden el ideal del "arte por el arte": frente al creciente utilitarismo, el arte y la belleza están por encima del bien y del mal y son el único consuelo de la vida. El Parnasianismo influye en el Modernismo por su anhelo de perfección formal, por su afición al detalle y por el gusto por la mitología griega, el exotismo oriental, las civilizaciones antiguas...

b) Simbolismo: aparece, en sentido estricto, a mediados de los años 80: el punto de partida del movimiento es el manifiesto de Jean Moréas en 1886. Destacan los poetas Verlaine, Rimbaud, Baudelaire y Mallarmé. Para los simbolistas,  la poesía se convierte en un instrumento de conocimiento que intenta ascender a una realidad suprarracional. Lo inefable sólo puede evocarse a través del símbolo y el ritmo musical de los versos, como explica Valle-Inclán en “La lámpara maravillosa”. Característicamente simbolistas son la afición por la alusión, el gusto por apuntar sensaciones de color, el empleo de sinestesias y, sobre todo, la búsqueda de la musicalidad. 

 
c) Decadentismo: el término tiene su origen en el verso de Verlaine "yo soy el imperio al fin de la decadencia". Se trata de una corriente que surge del simbolismo, pero que se caracteriza por el refinamiento y la melancolía; se busca la evasión de la realidad a través del exotismo y se admira la fase de decadencia de las antiguas culturas, como Alejandría. El decadentismo, como corriente estética, es más bien efímero, pues puede considerarse finalizado hacia 1890. Destacan los poetas italianos D´Annunzio y Pascoli; en Gran Bretaña sobresale la figura de Oscar Wilde, máximo exponente del dandismo.

 
  Estos movimientos literarios que fecundan el Modernismo tienen, en realidad, su origen en la corriente de los poetas malditos, quienes intentan superar el Romanticismo grandilocuente y caduco del siglo XIX. A la cabeza de ellos, encontramos a Verlaine, quien publicó en 1888 "Los poetas malditos". En EEUU hay que mencionar a Edgar Allan Poe y a Walt Whitman, con sus "Hojas de hierba".
  La renovación del el lenguaje poético se percibe en el intento de sugerir las sensaciones que otras artes consiguen mediante la luz, el color, la música, etc. a través de aliteraciones, adjetivos ornamentales, imágenes sugerentes, símbolos, atrevidas sinestesias, vocablos exóticos, cultismos, neologismos, profusión de palabras esdrújulas...El ansia de renovación y el deseo de musicalidad conducen a una gran variedad métrica. Por influencia de los simbolistas franceses, se emplean los alejandrinos y los versos libres; en su anhelo de novedades rítmicas, los modernistas imitan la métrica clásica, si bien no rechazan el uso de esquemas métricos tradicionales (sonetos, coplas, seguidillas,  romances, silvas, serventesios...).   
 
1. BAUDELAIRE

  Baudelaire (1821-1867) es, sin duda, el poeta más importante de este periodo, a pesar de que en su momento fue un incomprendido, pues rompió con todas las convenciones establecidas. Entre los elementos de su biografía que determinaron su obra destaca su formación católica y sus viajes a lugares exóticos.
  Su aportación fundamental fue la publicación de Las flores del mal de 1857. El poemario, dividido en 6 partes según los temas tratados, supone el arranque de la modernidad poética en más de un sentido.

1. Las flores del mal supone una celebración de la belleza del mal, un acercamiento al satanismo que escandalizó a la sociedad de su momento.
2. Baudelaire parte del spleen para expresar la situación del poeta en un mundo que lo margina.
3. Para el poeta la base del conocimiento son los sentidos y el espíritu frente a la razón, de ahí la importancia de la sinestesia.
4. Un concepto central en la poesía de Baudelaire es el de la correspondencia o concepción del mundo como dualidad de fuerzas materiales y espirutuales.
5. El amor de Baudelaire es extremo. Canta a la mujer, la celebra y la exalta como objeto de culto.

2. PAUL VERLAINE


  De su vida (1844-1896) cabe destacar la intensa relación amorosa que vivió con el joven Rimbaud a pesar de estar casado, relación que incluso lo haría pasar un tiempo en la cárcel. Además de poesía, escribió interesantes obras en prosa de carácter crítico y autobiográfico.

1. Como poeta busca sugerir más que definir, evocar mediante la imprecisión.
2. El paisaje tiene una gran importancia para describir estados de ánimo.
3. Hay una honda preocupación por el verso: innovaciones métricas, experimentaciones con la rima, etc.
4. Entre sus principales obras se da una gran variación temática: Romanzas sin palabras refleja su relación con Rimbaud, Sabiduría es una colección de poesía religiosa, Amor contiene elegías dedicadas a su hijo adoptivo.
5. Los poetas simbolistas y parnasianos lo reconocían como maestro y hoy es considerado por la crítica como el padre del Modernismo.

3. ARTHUR RIMBAUD


  Vivió una vida turbulenta (1854-1891) que influyó en el discurrir de su trayectoria poética, muy vinculada a la de su mentor Verlaine, con el que mantuvo una tormentosa relación amorosa que marcaría a ambos. Después de una juventud de dedicación al arte, Rimbaud pasó sus últimos años en África sin escribir.

1. En su obra se encuentra la preocupación simbolista por el ocultismo y la intuición.
2. Busca nuevas formas de conocimiento a través de la exploración del subconsciente. En este sentido, es el precursor del surrealismo.
3. En cuanto al estilo, Rimbaud destaca por su fuerza y originalidad. Es el creador de la poesía hermética, oscura.
4. Las obras más importantes de Rimbaud son el poema El barco ebrio, que escribió siendo muy joven; Una temporada en el infierno, en que refleja una época muy dura de su vida; Iluminaciones, recopilado por Verlaine.

  Existe una película inspirada en su relación amorosa con Verlaine: "Eclipse de una pasión"



4. STEPHAN MALLARMÉ


  Mallarmé (1842-1898), a pesar de la brevedad de su obra, ha sido un modelo para los poetas modernos.

1. Su obra se caracteriza por la experimentación gramatical y la riqueza del vocabulario.
2. El predominio es de los sentidos: por una parte, busca la musicalidad; por otra, los colores son tan importantes como los conceptos.
3. Entre sus obras más importantes destacan Herodías y La siesta de un fauno.

domingo, 4 de marzo de 2012

"ANNABEL LEE" CANCIÓN DE RADIO FUTURA BASADA EN UN POEMA DE EDGAR ALLAN POE

http://www.youtube.com/watch?v=BuZMhbU5TPY

CUENTOS DEL TEMA 11

1. "VANKA" DE ANTON CHÉJOV


Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.
      Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.
      Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada, en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono obscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.
      El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.
      «Querido abuelo Constantino Makarich, —escribió—: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti..."
      Vanka miró a la obscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba da bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecillo enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Acompañábanle dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.
      Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando le tenían ya por muerto.
      En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.
      —¿Quiere usted un polvito? —les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.
      Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.
      Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.
      El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la obscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...
      Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.
      Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:
      «Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»
      Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.
      «Te seré todo lo útil que pueda —continuó momentos después—. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito, te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo, pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.
      «Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.
      «Abuelito, cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»
      Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas, pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:
      —¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!
      Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos le trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...
      «¡Ven, abuelito, ven! —continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho—. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte, que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdale bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes te quiere tu nieto
VANKA CHUKOV.
      Ven en seguida, abuelito.»
      Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:
      «En la aldea, a mi abuelo.»
      Tras una nueva meditación, añadió:
      «Constantino Makarich.»
      Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie se lo estorbase se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.
      El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.
      Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...
      Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.
      Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente paseábase en torno de la estufa y meneaba el rabo...
2. "EL COLLAR" DE GUY DE MAUPASSANT


  Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.
  No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde; porque las mujeres no tienen casta ni raza, pues su belleza, su atractivo y su encanto les sirven de ejecutoria y de familia. Su nativa firmeza, su instinto de elegancia y su flexibilidad de espíritu son para ellas la única jerarquía, que iguala a las hijas del pueblo con las más grandes señoras.
  Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación.
  La vista de la muchacha bretona que les servía de criada despertaba en ella pesares desolados y delirantes ensueños. Pensaba en las antecámaras mudas, guarnecidas de tapices orientales, alumbradas por altas lámparas de bronce y en los dos pulcros lacayos de calzón corto, dormidos en anchos sillones, amodorrados por el intenso calor de la estufa. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles repletos de figurillas inestimables y en los saloncillos coquetones, perfumados, dispuestos para hablar cinco horas con los amigos más íntimos, los hombres famosos y agasajados, cuyas atenciones ambicionan todas las mujeres.
  Cuando, a las horas de comer, se sentaba delante de una mesa redonda, cubierta por un mantel de tres días, frente a su esposo, que destapaba la sopera, diciendo con aire de satisfacción: "¡Ah! ¡Qué buen caldo! ¡No hay nada para mí tan excelente como esto!", pensaba en las comidas delicadas, en los servicios de plata resplandecientes, en los tapices que cubren las paredes con personajes antiguos y aves extrañas dentro de un bosque fantástico; pensaba en los exquisitos y selectos manjares, ofrecidos en fuentes maravillosas; en las galanterías murmuradas y escuchadas con sonrisa de esfinge, al tiempo que se paladea la sonrosada carne de una trucha o un alón de faisán.
  No poseía galas femeninas, ni una joya; nada absolutamente y sólo aquello de que carecía le gustaba; no se sentía formada sino para aquellos goces imposibles. ¡Cuánto habría dado por agradar, ser envidiada, ser atractiva y asediada!
  Tenía una amiga rica, una compañera de colegio a la cual no quería ir a ver con frecuencia, porque sufría más al regresar a su casa. Días y días pasaba después llorando de pena, de pesar, de desesperación.
   Una mañana el marido volvió a su casa con expresión triunfante y agitando en la mano un ancho sobre.
-Mira, mujer -dijo-, aquí tienes una cosa para ti.
   Ella rompió vivamente la envoltura y sacó un pliego impreso que decía:
"El ministro de Instrucción Pública y señora ruegan al señor y la señora de Loisel les hagan el honor de pasar la velada del lunes 18 de enero en el hotel del Ministerio."
  En lugar de enloquecer de alegría, como pensaba su esposo, tiró la invitación sobre la mesa, murmurando con desprecio:
-¿Qué haré yo con eso?
-Creí, mujercita mía, que con ello te procuraba una gran satisfacción. ¡Sales tan poco, y es tan oportuna la ocasión que hoy se te presenta!... Te advierto que me ha costado bastante trabajo obtener esa invitación. Todos las buscan, las persiguen; son muy solicitadas y se reparten pocas entre los empleados. Verás allí a todo el mundo oficial.
  Clavando en su esposo una mirada llena de angustia, le dijo con impaciencia:
-¿Qué quieres que me ponga para ir allá?
  No se había preocupado él de semejante cosa, y balbució:
-Pues el traje que llevas cuando vamos al teatro. Me parece muy bonito...
   Se calló, estupefacto, atontado, viendo que su mujer lloraba. Dos gruesas lágrimas se desprendían de sus ojos, lentamente, para rodar por sus mejillas.
  El hombre murmuró:
-¿Qué te sucede? Pero ¿qué te sucede?
   Mas ella, valientemente, haciendo un esfuerzo, había vencido su pena y respondió con tranquila voz, enjugando sus húmedas mejillas:
-Nada; que no tengo vestido para ir a esa fiesta. Da la invitación a cualquier colega cuya mujer se encuentre mejor provista de ropa que yo.
  Él estaba desolado, y dijo:
-Vamos a ver, Matilde. ¿Cuánto te costaría un traje decente, que pudiera servirte en otras ocasiones, un traje sencillito?
  Ella meditó unos segundos, haciendo sus cuentas y pensando asimismo en la suma que podía pedir sin provocar una negativa rotunda y una exclamación de asombro del empleadillo.
  Respondió, al fin, titubeando:
-No lo sé con seguridad, pero creo que con cuatrocientos francos me arreglaría.
  El marido palideció, pues reservaba precisamente esta cantidad para comprar una escopeta, pensando ir de caza en verano, a la llanura de Nanterre, con algunos amigos que salían a tirar a las alondras los domingos.
  Dijo, no obstante:
-Bien. Te doy los cuatrocientos francos. Pero trata de que tu vestido luzca lo más posible, ya que hacemos el sacrificio.
   El día de la fiesta se acercaba y la señora de Loisel parecía triste, inquieta, ansiosa. Sin embargo, el vestido estuvo hecho a tiempo. Su esposo le dijo una noche:
-¿Qué te pasa? Te veo inquieta y pensativa desde hace tres días.
   Y ella respondió:
-Me disgusta no tener ni una alhaja, ni una sola joya que ponerme. Pareceré, de todos modos, una miserable. Casi, casi me gustaría más no ir a ese baile.
-Ponte unas cuantas flores naturales -replicó él-. Eso es muy elegante, sobre todo en este tiempo, y por diez francos encontrarás dos o tres rosas magníficas.
  Ella no quería convencerse.
-No hay nada tan humillante como parecer una pobre en medio de mujeres ricas.
  Pero su marido exclamó:
-¡Qué tonta eres! Anda a ver a tu compañera de colegio, la señora de Forestier, y ruégale que te preste unas alhajas. Eres bastante amiga suya para tomarte esa libertad.
  La mujer dejó escapar un grito de alegría.
-Tienes razón, no había pensado en ello.
  Al siguiente día fue a casa de su amiga y le contó su apuro.
  La señora de Forestier fue a un armario de espejo, cogió un cofrecillo, lo sacó, lo abrió y dijo a la señora de Loisel:
-Escoge, querida.
  Primero vio brazaletes; luego, un collar de perlas; luego, una cruz veneciana de oro, y pedrería primorosamente construida. Se probaba aquellas joyas ante el espejo, vacilando, no pudiendo decidirse a abandonarlas, a devolverlas. Preguntaba sin cesar:
-¿No tienes ninguna otra?
-Sí, mujer. Dime qué quieres. No sé lo que a ti te agradaría.
  De repente descubrió, en una caja de raso negro, un soberbio collar de brillantes, y su corazón empezó a latir de un modo inmoderado.
  Sus manos temblaron al tomarlo. Se lo puso, rodeando con él su cuello, y permaneció en éxtasis contemplando su imagen.
Luego preguntó, vacilante, llena de angustia:
-¿Quieres prestármelo? No quisiera llevar otra joya.
-Sí, mujer.
  Abrazó y besó a su amiga con entusiasmo, y luego escapó con su tesoro.
   Llegó el día de la fiesta. La señora de Loisel tuvo un verdadero triunfo. Era más bonita que las otras y estaba elegante, graciosa, sonriente y loca de alegría. Todos los hombres la miraban, preguntaban su nombre, trataban de serle presentados. Todos los directores generales querían bailar con ella. El ministro reparó en su hermosura.
  Ella bailaba con embriaguez, con pasión, inundada de alegría, no pensando ya en nada más que en el triunfo de su belleza, en la gloria de aquel triunfo, en una especie de dicha formada por todos los homenajes que recibía, por todas las admiraciones, por todos los deseos despertados, por una victoria tan completa y tan dulce para un alma de mujer.
  Se fue hacia las cuatro de la madrugada. Su marido, desde medianoche, dormía en un saloncito vacío, junto con otros tres caballeros cuyas mujeres se divertían mucho.
  Él le echó sobre los hombros el abrigo que había llevado para la salida, modesto abrigo de su vestir ordinario, cuya pobreza contrastaba extrañamente con la elegancia del traje de baile. Ella lo sintió y quiso huir, para no ser vista por las otras mujeres que se envolvían en ricas pieles.
  Loisel la retuvo diciendo:
-Espera, mujer, vas a resfriarte a la salida. Iré a buscar un coche.
  Pero ella no le oía, y bajó rápidamente la escalera.
  Cuando estuvieron en la calle no encontraron coche, y se pusieron a buscar, dando voces a los cocheros que veían pasar a lo lejos.
  Anduvieron hacia el Sena desesperados, tiritando. Por fin pudieron hallar una de esas vetustas berlinas que sólo aparecen en las calles de París cuando la noche cierra, cual si les avergonzase su miseria durante el día.
  Los llevó hasta la puerta de su casa, situada en la calle de los Mártires, y entraron tristemente en el portal. Pensaba, el hombre, apesadumbrado, en que a las diez había de ir a la oficina.
  La mujer se quitó el abrigo que llevaba echado sobre los hombros, delante del espejo, a fin de contemplarse aún una vez más ricamente alhajada. Pero de repente dejó escapar un grito.
Su esposo, ya medio desnudo, le preguntó:
-¿Qué tienes?
Ella se volvió hacia él, acongojada.
-Tengo..., tengo... -balbució - que no encuentro el collar de la señora de Forestier.
Él se irguió, sobrecogido:
-¿Eh?... ¿cómo? ¡No es posible!
  Y buscaron entre los adornos del traje, en los pliegues del abrigo, en los bolsillos, en todas partes. No lo encontraron.
Él preguntaba:
-¿Estás segura de que lo llevabas al salir del baile?
-Sí, lo toqué al cruzar el vestíbulo del Ministerio.
-Pero si lo hubieras perdido en la calle, lo habríamos oído caer.
-Debe estar en el coche.
-Sí. Es probable. ¿Te fijaste qué número tenía?
-No. Y tú, ¿no lo miraste?
-No.
Se contemplaron aterrados. Loisel se vistió por fin.
-Voy -dijo- a recorrer a pie todo el camino que hemos hecho, a ver si por casualidad lo encuentro.
  Y salió. Ella permaneció en traje de baile, sin fuerzas para irse a la cama, desplomada en una silla, sin lumbre, casi helada, sin ideas, casi estúpida.
  Su marido volvió hacia las siete. No había encontrado nada.
  Fue a la Prefectura de Policía, a las redacciones de los periódicos, para publicar un anuncio ofreciendo una gratificación por el hallazgo; fue a las oficinas de las empresas de coches, a todas partes donde podía ofrecérsele alguna esperanza.
  Ella le aguardó todo el día, con el mismo abatimiento desesperado ante aquel horrible desastre.
  Loisel regresó por la noche con el rostro demacrado, pálido; no había podido averiguar nada.
-Es menester -dijo- que escribas a tu amiga enterándola de que has roto el broche de su collar y que lo has dado a componer. Así ganaremos tiempo.
  Ella escribió lo que su marido le decía.
  Al cabo de una semana perdieron hasta la última esperanza.
  Y Loisel, envejecido por aquel desastre, como si de pronto le hubieran echado encima cinco años, manifestó:
-Es necesario hacer lo posible por reemplazar esa alhaja por otra semejante.
  Al día siguiente llevaron el estuche del collar a casa del joyero cuyo nombre se leía en su interior.
  El comerciante, después de consultar sus libros, respondió:
-Señora, no salió de mi casa collar alguno en este estuche, que vendí vacío para complacer a un cliente.
  Anduvieron de joyería en joyería, buscando una alhaja semejante a la perdida, recordándola, describiéndola, tristes y angustiosos.
  Encontraron, en una tienda del Palais Royal, un collar de brillantes que les pareció idéntico al que buscaban. Valía cuarenta mil francos, y regateándolo consiguieron que se lo dejaran en treinta y seis mil.
   Rogaron al joyero que se los reservase por tres días, poniendo por condición que les daría por él treinta y cuatro mil francos si se lo devolvían, porque el otro se encontrara antes de fines de febrero.
  Loisel poseía dieciocho mil que le había dejado su padre. Pediría prestado el resto.
  Y, efectivamente, tomó mil francos de uno, quinientos de otro, cinco luises aquí, tres allá. Hizo pagarés, adquirió compromisos ruinosos, tuvo tratos con usureros, con toda clase de prestamistas. Se comprometió para toda la vida, firmó sin saber lo que firmaba, sin detenerse a pensar, y, espantado por las angustias del porvenir, por la horrible miseria que los aguardaba, por la perspectiva de todas las privaciones físicas y de todas las torturas morales, fue en busca del collar nuevo, dejando sobre el mostrador del comerciante treinta y seis mil francos.
Cuando la señora de Loisel devolvió la joya a su amiga, ésta le dijo un tanto displicente:
-Debiste devolvérmelo antes, porque bien pude yo haberlo necesitado.
  No abrió siquiera el estuche, y eso lo juzgó la otra una suerte. Si notara la sustitución, ¿qué supondría? ¿No era posible que imaginara que lo habían cambiado de intento?
  La señora de Loisel conoció la vida horrible de los menesterosos. Tuvo energía para adoptar una resolución inmediata y heroica. Era necesario devolver aquel dinero que debían... Despidieron a la criada, buscaron una habitación más económica, una buhardilla.
  Conoció los duros trabajos de la casa, las odiosas tareas de la cocina. Fregó los platos, desgastando sus uñitas sonrosadas sobre los pucheros grasientos y en el fondo de las cacerolas. Enjabonó la ropa sucia, las camisas y los paños, que ponía a secar en una cuerda; bajó a la calle todas las mañanas la basura y subió el agua, deteniéndose en todos los pisos para tomar aliento. Y, vestida como una pobre mujer de humilde condición, fue a casa del verdulero, del tendero de comestibles y del carnicero, con la cesta al brazo, regateando, teniendo que sufrir desprecios y hasta insultos, porque defendía céntimo a céntimo su dinero escasísimo.
  Era necesario mensualmente recoger unos pagarés, renovar otros, ganar tiempo.
   El marido se ocupaba por las noches en poner en limpio las cuentas de un comerciante, y a veces escribía a veinticinco céntimos la hoja.
  Y vivieron así diez años.
  Al cabo de dicho tiempo lo habían ya pagado todo, todo, capital e intereses, multiplicados por las renovaciones usurarias.
  La señora Loisel parecía entonces una vieja. Se había transformado en la mujer fuerte, dura y ruda de las familias pobres. Mal peinada, con las faldas torcidas y rojas las manos, hablaba en voz alta, fregaba los suelos con agua fría. Pero a veces, cuando su marido estaba en el Ministerio, se sentaba junto a la ventana, pensando en aquella fiesta de otro tiempo, en aquel baile donde lució tanto y donde fue tan festejada.
  ¿Cuál sería su fortuna, su estado al presente, si no hubiera perdido el collar? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Qué mudanzas tan singulares ofrece la vida! ¡Qué poco hace falta para perderse o para salvarse!
  Un domingo, habiendo ido a dar un paseo por los Campos Elíseos para descansar de las fatigas de la semana, reparó de pronto en una señora que pasaba con un niño cogido de la mano.
  Era su antigua compañera de colegio, siempre joven, hermosa siempre y siempre seductora. La de Loisel sintió un escalofrío. ¿Se decidiría a detenerla y saludarla? ¿Por qué no? Habíéndolo pagado ya todo, podía confesar, casi con orgullo, su desdicha.
Se puso frente a ella y dijo:
-Buenos días, Juana.
  La otra no la reconoció, admirándose de verse tan familiarmente tratada por aquella infeliz. Balbució:
-Pero..., ¡señora!.., no sé. .. Usted debe de confundirse...
-No. Soy Matilde Loisel.
Su amiga lanzó un grito de sorpresa.
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde, qué cambiada estás! ...
-¡Sí; muy malos días he pasado desde que no te veo, y además bastantes miserias.... todo por ti...
-¿Por mí? ¿Cómo es eso?
-¿Recuerdas aquel collar de brillantes que me prestaste para ir al baile del Ministerio?
-¡Sí, pero...
-Pues bien: lo perdí...
-¡Cómo! ¡Si me lo devolviste!
-Te devolví otro semejante. Y hemos tenido que sacrificarnos diez años para pagarlo. Comprenderás que representaba una fortuna para nosotros, que sólo teníamos el sueldo. En fin, a lo hecho pecho, y estoy muy satisfecha.
La señora de Forestier se había detenido.
-¿Dices que compraste un collar de brillantes para sustituir al mío?
-Sí. No lo habrás notado, ¿eh? Casi eran idénticos.
  Y al decir esto, sonreía orgullosa de su noble sencillez. La señora de Forestier, sumamente impresionada, le cogió ambas manos:
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde! ¡Pero si el collar que yo te presté era de piedras falsas!... ¡Valía quinientos francos a lo sumo!...

miércoles, 29 de febrero de 2012

GUÍA DE LECTURA DE LA METAMORFOSIS DE KAFKA




1.- Gregorio Samsa se despierta,

  • ¿Cómo es el insecto en el que se ha convertido?
  • ¿Son meramente humanas sus impresiones o se mezclan con instintos de insecto?
  • ¿Asume su nueva condición?
  • ¿Qué alusiones relativas al tiempo enmarcan la escena?
  • Explica cómo van apareciendo los otros miembros de la familia, así como sus diferentes reacciones ante el insólito acontecimiento
  • Gregorio trata de abandonar la cama. Aunque él piensa en términos humanos, ¿son humanas las reacciones d su cuerpo? ¿Por qué no pide ayuda para levantarse?
  • Llega el encargado del almacén donde trabaja Gregorio para averiguar las causas del retraso, ¿contribuye este hecho a aumentar la sensación de angustia y pesadilla?
  • Comenta la reacción del padre, de la madre y de la hermana ¿Desde dónde le hablan?
  • ¿El tono y el lenguaje empleado por el encargado del almacén están acordes con su carácter y condición?
  • Las palabras de Gregorio se vuelven ininteligibles para los demás, ¿qué reacción suscita esto en su familia?
  • ¿Cómo consigue Gregorio abrir la puerta?
  • Comenta las distintas reacciones que provoca su visión.
  • ¿De qué habla Gregorio a continuación?
  • Mientras el encargado huye por la escalera, ¿qué hacen el padre y la madre? ¿Por qué el padre quiere que Gregorio se meta atravesando en la habitación?

2.- La acción transcurre ahora al anochecer,

  • ¿Cómo se siente Gregorio?
  • ¿Cómo transcurre la primera noche después de su transformación?
  • ¿Qué actitud adopta Gregorio ante lo irremediable de su estado?
  • ¿Quién es la primera persona en visitarle por la mañana?
  • ¿Cómo influye la metamorfosis de Gregorio en la vida familiar?
  • ¿Interpreta correctamente Gregorio el comportamiento de su hermana cuando le lleva y le retira la comida? Por otra parte, ¿la comida que le llevan permite deducir lo que piensa la familia respecto a la condición de Gregorio?
  • ¿Qué delatan las predilecciones de Gregorio en materia de comida?
  • Observa la incomunicación que se establece entre Gregorio y su familia
  • ¿Qué prevenciones toma la familia con respecto a Gregorio? ¿Se avergüenzan de él?
  • Mediante un salto atrás en el tiempo conocemos los comienzos “brillantes” de Gregorio en la empresa, sus proyectos para con su hermana, etc. ¿De qué se entera ahora Gregorio al escuchar la conversación de su familia? ¿Cómo reacciona?
  • Por qué la hermana abre violentamente la ventana de la habitación de Gregorio? ¿Cómo puede interpretarse la reacción de Gregorio ante este hecho?
  • ¿Por qué Gregorio quiere ocultarse de la vista de su hermana?
  • ¿Cómo se entretiene Gregorio?
  • ¿Qué siente al ver que le vacían de muebles su habitación?
  • ¿Cuáles son las primeras palabras que la hermana le dirige después de la metamorfosis de Gregorio? ¿Qué delatan estas palabras y el gesto que las acompaña?
  • Comenta la reacción del padre al ver a Gregorio fuera de la habitación ¿Cómo ve  éste la figura del padre?
3.-
  • Comenta los sentimientos de la familia, y en especial del padre, a raíz del incidente de la manzana ¿En qué medida lo aceptan?
  • ¿Cuál es la verdadera causa de que la familia no se cambie de casa? Observa el contraste entre la situación floreciente de la familia con los nuevos trabajos yla patética y desesperada situación de Gregorio
  • Compara el estado físico de Gregorio y el de su habitación, convertida en el trastero de la casa.
  • ¿Cómo reaccionan los padres y los huéspedes al ver a Gregorio en el comedor mientras la hermana toca el violín?
  • ¿Cuáles son los pensamientos de Gregorio cuando oye el violín, ante el desinterés de los huéspedes?
  • ¿Qué piensa la hermana de Gregorio?
  • Comenta la reacción de la familia ante la muerte de Gregorio

4.- Da tu opinión sobre las siguientes cuestiones:

  • El estilo claro y preciso frente a lo absurdo del tema
  • El tema de la terrible inseguridad del ser humano, que puede acabar transformándose en un monstruoso insecto y perder así su identidad. Esta pesadilla hiere la insensibilidad del lector y provoca un sentimiento de angustia de la existencia, derivada de la insignificancia y banalidad del ser humano.
  • Gregorio Samsa como metáfora del ser humano acorralado y del absurdo de la vida.
  • Técnica narrativa aparentemente sencilla pero de gran efecto: se trata de mezclar lo asombroso y excepcional con lo cotidiano. Y, especialmente, contar algo que es absurdo e insólito con la lógica de la naturalidad.

5.- Comenta el siguiente párrafo de Jorge Luis Borges sobre Kafka ¿Puede aplicarse a La Metamorfosis?

“La indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables (…) El argumento y el ambiente son lo esencial; no las evoluciones de la fábula, ni la penetración psicológica”

6.- Es de uso frecuente el adjetivo kafkiano. Después de la lectura ¿cómo lo definirías?

7.- Describe una escena o situación que pueda calificarse con este adjetivo

sábado, 25 de febrero de 2012

TEMA 11. El renacimiento del cuento.


  El cuento es uno de los géneros narrativos más antiguos, pues nace como literatura popular de transmisión oral.

                                              
  
  Actualmente, la palabra "cuento" se emplea para designar a dos tipos diferentes de narración, que tienen en común su brevedad: 
   
    1. El cuento folclórico o tradicional: Un cuento tradicional es una narración breve de hechos imaginarios y poco verosímiles, protagonizada por un grupo reducido de personajes folclóricos (hadas, duendes, elfos, gigantes, brujas, etc) y con un argumento sencillo. Su finalidad es provocar en el lector una única respuesta emocional. 

   2. El cuento literario:  Del cuento literario se conoce una sola versión escrita, que es la fijada por su autor. Edgar Allan Poe explicó que las tres características básicas de un buen cuento son la intensidad, la brevedad y el efecto único. También Horacio Quiroga (Manual del perfecto cuentista) o Julio Cortázar reflexionarosn sobre los rasgos básicos del género.

 HORACIO QUIROGA: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/quiroga2.htm

 JULIO CORTÁZAR: 

 «En mi caso, el cuento es un relato en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo, de una manera que podemos calificar casi de fatal, hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta: mientras se mantiene la velocidad, el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad, ahí te caes, y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector»


«Para mí el cuento es un texto continuo y cerrado sobre sí mismo que exige un alto grado de perfección para que sea eficaz. No quiero decir perfección artificial, hecha desde afuera, sino perfección interna. Ahora, esa perfección interna del cuento el escritor tiene que ayudarla y completarla con una versión idiomática perfecta; es decir, el lenguaje tiene que ser implacablemente justo. No puede haber adjetivos de sobra en un cuento. No puede haber indecisiones, a menos que eso forme parte de la intención del cuento. Es decir, el cuento tiene que ser un poco como el soneto en la poesía. Tiene una especie de definición formal, muy justa, muy precisa, en mi opinión. La novela es todo lo contrario.»
 

 Los cuentos más antiguos aparecen en Egipto en torno al año 2000 a.C. A pesar de que los autores griegos y romanos también escriben cuentos (Esopo, Ovidio y Apuleyo) , los principales focos de las historias que, durante la Edad Media, se difundieron por toda Europa fueron Oriente medio, con Las mil y una noches, o la India: en España se tradujo a lengua romance el Panchatantra bajo el título de Calila e Dimna. 

                                                            

  Cuentistas europeos destacados fueron Don Juan Manuel,  con El Conde Lucanor;  Bocaccio, con El Decamerón y Geoffrey Chaucer,  con Cuentos de Canterbury.

                                                      

   En los siglos XVI y XVII, la escritura de cuentos se ve eclipsada por la irrupción en el panorama literario de las novelas, el teatro y, ya en el siglo XVIII, del ensayo.

   El Romanticismo de la primera mitad del siglo XIX supuso un "Renacimiento" del género del cuento. El interés de los autores románticos por la literatura oral y popular, unido a su tendencia a la evasión de la realidad y a su defensa del nacionalismo, les empuja a descubrir en los cuentos tradicionales el "espíritu del pueblo". En Alemania, los hermanos Grimm comienzan a recopilar las narraciones populares de transmisión oral de su entorno, y publican los Cuentos para la infancia y para el hogar, entre los que se incluyen Blancanieves, La bella Durmiente, Hansel y Gretel, Juan sin miedo, que tuvieron que "dulcificar" al recibir críticas por su excesiva crudeza; el danés Andersen escribe cuentos para niños como El patito feo, El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, El soldadito de plomo o La sirenita: el francés Charles Perrault había redactado, a finales del XVII, los Cuentos de mamá gansa, que incluye famosos relatos como Caperucita Roja, La Cenicienta, El gato con botas o Pulgarcito. El italiano Collodi publica "Pinocho" en el siglo XIX.

 En el siglo XIX también se da su configuración definitiva al conocido como "cuento literario", y, en este proceso, tenemos que destacar la contribución imprescindible de Edgar Allan Poe.

1. EDGAR ALLAN POE




http://www.youtube.com/watch?v=WNISDhqto8c

   Poeta, narrador, periodista y ensayista estadounidense nacido en Boston el 19 de enero de 1809 y fallecido en Baltimore en 1849. Máximo exponente del Romanticismo norteamericano, dejó una espléndida producción creativa y una lúcida obra teórica que anticipan, con asombrosa precocidad, algunos de los grandes movimientos y corrientes de las Letras universales, como la asimilación del Simbolismo en el discurso poético, o el auge de la novela negra y los géneros de misterio y terror en la prosa de ficción. A pesar de estas intuiciones geniales y de la indiscutible calidad de sus escritos en verso y en prosa, la obra de Edgar Allan Poe no fue bien entendida por sus compatriotas hasta que, muchos años después de su trágica desaparición, algunos de los grandes escritores simbolistas europeos (con los franceses Baudelaire, Mallarmé y Valéry a la cabeza) reivindicaron sus aciertos; ya en el siglo XX, los estudios que le dedicaron otros poetas y críticos (como T. S. Eliot y Allen Tate), sumados al interés que despertó su figura y su obra entre los psicoanalistas seguidores de Freud (entre ellos, la propia discípula del maestro vienés, Marie Bonaparte, o el célebre psiquiatra francés Jacques Lacan), contribuyeron definitivamente a elevar a Edgar Allan Poe a la categoría de arquetipo universal del escritor romántico atormentado y sombrío, precursor de la figura decadente del poeta maldito que habría de abundar en Europa a finales del siglo XIX y comienzos de la siguiente centuria.


  Su única novela extensa lleva por título The Narrative of Arthur Gordon Pym (1838). Se trata de la relación de un viaje marítimo en busca del polo Sur, argumento que no era sino un pretexto para que Poe pusiera en práctica una de sus más célebres consideraciones teóricas acerca del hecho literario: la de la gratuidad del arte o, dicho de otro modo, la de la escritura como artificio que crea un espacio en el que la literatura no es un medio, sino un fin en sí misma.
   Pero, dentro de la producción literaria de Edgar Allan Poe, que incluye  famosos poemas como "El cuervo", destacan sus cuentos, en los cuales convierte a  personajes, espacios y situaciones en signos de un nuevo lenguaje de misterio y horror, que bucea en  los aspectos más oscuros del alma humana.  En el volumen titulado "Cuentos de lo grotesco" (1840) aparecieron algunos de los cuentos más célebres del escritor de Boston, quien se encargó, unos años después, de ofrecer una relación personal de los relatos que él consideraba mejores: entre sus cuentos de terror habría que destacar los titulados "Ligeia", "El corazón delator", "El gato negro" y "La caída de la casa Usher".
  Destacamos, asimismo, un segundo apartado de cuentos policiales, protagonizados por Auguste Dupin, el investigador-artista considerado actualmente como el primer gran detective de la moderna novela policíaca: "Los crímenes de la Calle Morgue", "La carta robada" y "El misterio de María Roget" .
   Cuentos muy famosos son "El pozo y el péndulo" y el "Escarabajo de oro".


2. ANTÓN CHÉJOV


  Nació el 29 de enero de 1860 en la ciudad de Taganrog, a orillas del mar de Azov, y murió el 15 de julio de 1904, en Alemania. Su padre tenía una tienda de comestibles, pero una desacertada administración le llevó a la ruina. En 1876, huyendo de los acreedores, se intaló con su familia en Moscú. En Taganrog quedó únicamente Antón, el cuarto de seis hermanos. Mientras terminaba el bachillerato, malvendía los restos del patrimonio para que la familia pudiera sobrevivir en Moscú. En 1879 se reúne con su familia en Moscú para ingresar en la facultad de Medicina. Esta época de estudiante coincide con unos años de gran agitación política, y consiguiente represión, en respuesta al asesinato del zar Alejandro II en 1881. Desde ese momento hasta el final de sus vidas, Chéjov tendría que mantener a su familia.
 Durante sus estudios colaboró en revistas de humor, a las que suministraba chascarrillos, crónicas de sucesos, reseñas teatrales, cuentos, incluso novelas de terror. Parte de estos relatos se integraron en su primer libro "Cuentos de Melpomene", "Relatos variopintos". Los personajes que pueblan estos cuentos son generalmente los humillados que tanto pululan por las páginas de los clásicos rusos, si bien Chéjov se muestra implacable con ellos: todos los escribanos, camareros, pequeños funcionarios, sin ningún sentido de la dignidad, se humillan hasta que se les presenta la oportunidad de convertirse en déspotas y tiranos. La realidad que refleja el autor es más falsa que cualquier ficción, pues a su vez falsea las relaciones humanas ("El gordo y el flaco", "La muerte de un funcionario").
   Al terminar los estudios, Chéjov ejerce la Medicina en diversos hospitales de la provincia de Moscú, pero siguió escribiendo y mejorando su técnica ("Saber escribir es saber tachar"). En 1886 recibió una carta de Dimitri Grigoróvich que le decidió a dedicar su vida a la Literatura. Así crea "La estepa", poublicada en 1888 en una revista literaria. Se trata de un "cuento largo" que no cumplió las expectativas. Con ella, Chéjov inicia la exaltación del cuento, género que elevará a la categoría de la gran literatura.
  Los relatos más notables de Chéjov fueron escritos en la década de los 90. Ahí aparecen hombres de voluntad vencida que protagonizan episodios igualmente malogrados, hombres que advierten que han fracasado, que han envejecido. Uno de estos personajes, símbolo de otros muchos, es el viejo profesor de "Una historia tediosa", cuya publicación sirvió a parte de la crítica para acusarle de indiferencia política.  
  En la primavera de 1890 emprende un viaje a la isla de Sajalín, en el océano Pacífico. El escritor ya estaba aquejado de tisis. Cuando en 1892 apareció "La sala nº6" los lectores vieron en el relato una representación a escala de la vida en Rusia. Por otro lado, su viaje dio lugar a las crónicas tituladas "La isla de Sjalín".  Se refuerza su antitolstoyanismo: "El sentido práctico y la justicia me dicen que en la electricidad y el vapor hay más amor hacia el hombre que en la castidad y en la abstinencia".
   En 1892 adquirió una tanquila villa al sur de Moscú. Allí desarrolló una gran actividad cultural, prestó ayuda médica gratuita, edificó escuelas y creó bibliotecas. Sus relatos de este periodo (su época cumbre) tienen como protagonistas a hombres de notables aspiraciones que van corrompiéndose debido al ambiente provinciano en el que está sumergidos hasta degradarse totalmente. Para Chéjov el hombre sólo puede comprar su felicidad mediante la pérdida de la inocencia, con la degradación intelectual y moral. Destacan los cuentos "La casa con mansarda", "El hombre enfundado", "La grosella espina". En 1899 publica una de sus obras maestras, "La dama del perrito".
   También escribió obras teatrales que intentaron renovar el teatro europeo. Se inicia con "Ivanov", cuyo estreno será un fracaso, pero, reescrita, conocerá el triunfo 2 años después; algunos relatos se transforman en piezas teatrales, como "El oso", "El camaleón". Destacan "El jardín de los cerezos", "Tío Vania".

3. GUY DE MAUPASSANT

  Intuyó lo que se ha definido como el cuento arquetípico, que sigue la forma musical de la sonata: planteamiento de un tema, desarrollo y nudo de la acción, y desenlace (a menudo con final sorprendente e inesperado).

  Discípulo de Flaubert y frecuentador de los círculos cercanos a Zola, Maupassant es uno de los grandes narradores del Naturalismo francés. Compartía con estos escritores su pesimismo sobre la vida y sobre las relaciones humanas (especialmente, entre ambos sexos); el hombre es, a su parecer, "una bestia escasamente superior a las demás".
  Negaba la Providencia divina (Dios es, en sus palabras, "ignorante de todo lo que hace"), y consideraba el universo como un desencadenamiento de fuerzas ciegas y desconocidas. En consonancia con estas ideas, la obra de Maupassant se caracteriza sus variaciones sobre el tema de la crueldad humana, tema que presenta con gran realismo y con un estilo sencillo.
   El éxito obtenido con sus primeras obras le permitió no solo vivir de la pluma, sino también poder realizar sus sueños: el lujo, la inagotable actividad amatoria, los largos y solitarios viajes por mar en su yate y el ingreso en la buena sociedad de Cannes y de París, donde ganó fama de seductor inveterado.
  En sus relatos Maupassant trató fundamentalmente los siguientes temas:

- La guerra. Su primer cuento importante, ambientado en la guerra francoprusiana de 1870, en la que había participado en su juventud, es Bola de sebo (1880), donde presenta el sacrificio de una prostituta juzgada hipócritamente por los mismos burgueses a quienes ha salvado con su conducta. A este seguirán otros cuentos sobre el mismo tema, entre los que destaca Mademoiselle Fifi. En ellos, el autor acentúa ingredientes como la locura, el sexo y la violencia, dentro de su visión pesimista de la vida. Sus cuentos de guerra están llenos de héroes anónimos, prostitutas más patrióticas que los orondos burgueses, dementes que desafían a la muerte con una heroicidad inesperada, campesinos que ejecutan al enemigo con escalofriante frialdad. Sobre todos estos cuentos planea la condena del belicismo, pero Maupassant jamás expresa un juicio de valor sobre el absurdo, el horror o la injusticia de las situaciones bélicas: deja hablar a sus personajes, se limita a mostrarnos escenas mucho más elocuentes que la condena explícita.

- El amor y el erotismo. En los cuentos galantes (Un día de campo) encontramos el mundo parisiense de las pequeñas burguesas insatisfechas por su matrimonio que buscan otros placeres marginales, las damas de la alta sociedad que intentan evadirse del aburrimiento, las mantenidas. Las aventuras ilícitas y el adulterio son los temas principales. Para Maupassant, el matrimonio es una institución social que pone trabas a la felicidad, una carga estúpida con la que comienza inevitablemente el desamor. él prefiere la plena libertad amorosa y defiende el divorcio. Una variante son los cuentos eróticos, ambientados en la provincia o en un entorno rural, protagonizados a menudo por unos personajes que le fascinan: las prostitutas (La casa Tellier).

-El horror. En sus cuentos fantásticos prima la locura, lo irracional, el miedo, la neurosos y la obsesión por la soledad (El Horda, El miedo). También la muerte, en forma de suicidio o de asesinato. Encontramos en ellos al último Maupassant, el del final de su carrera, obsesionado por lo invisible, por la angustia y por la soledad, marcado por la idea fija del suicidio. Estos cuentos fueron interpretados por los psiquiatras como síntoma de la progresiva locura del autor.

  Maupassant es también el autor de seis novelas, entre las que destacan Una vida (1883), que narra la enternecedora historia de las desventuras de una mujer casada, y Bel Ami (1885), que explota el tema del arribismo social en el personaje de un periodista sin escrúpulos.


martes, 21 de febrero de 2012

COMENTARIO DE TEXTO DE "MADAME BOVARY" DE FLAUBERT

   Tenía Emma entonces quince años, y durante seis meses manchó sus manos el polvo de estos libros de los viejos gabinetes de lectura. Con Walter Scott aprendió cosas históricas, soñó con cofrecillos misteriosos, cuerpos de guardia, y hubiera querido vivir en algún viejo castillo feudal como aquellas castellanas de esbeto talle que, bajo el trébol de las ojivas, pasaban sus días con el codo en la piedra de la ventana y el mentón en la mano, esperando ver surgir del fondo del panorama un gallardo caballero de blanca pluma galopando sobre brioso corcel negro. Por entonces tuvo culto por María Estuardo y veneraciones llenas de entusiasmo por mujeres ilustres o inafortunadas: Juana de Arco, Eloísa, Inés Sorel, la bella Ferronnière y Clemencia Isaura, que, para ella, se destacaban como fúlgidos cometas en la inmensidad tenebrosa de la historia donde, además, se distinguían, pero perdidos entre sombras y sin relación entre sí, san Luis con su roble, Bayardo moribundo, las crueldades de Luis XI, la noche de san Bartolomé, la pluma del Bearnés, y el recuerdo constante de aquellos platos que tenían pintados en su fondo dibujos exaltando a Luis XIV. 

2.1 Exponga el contenido del fragmento y relaciónelo con la totalidad de la obra.
2.2 Analice los aspectos formales del texto.
2.3 Comente la producción literaria del autor con especial atención a la obra seleccionada.
2.4 Sitúe al autor en su contexto histórico-literario.

miércoles, 15 de febrero de 2012

EJERCICIOS DE ORTOGRAFÍA 3 (SEGUNDO TRIMESTRE)

1. Coloca las tildes en el siguiente texto:

  “Toma, Humphrey, lechuga, come. ¿Esta buena? A la Chusa le daran la comida tambien asi, por las rejas. ¿Quieres mas? Desde luego es que te lo tienen que hacer todo. Te lo tienes montado a lo Onassis. Como un faraon ahi, pasando de todo. Solo te faltan las piramides. Si quieres que te diga la verdad, Humphrey, estoy hecho polvo. Tela de chungo estoy. No, no es el brazo, eso no duele ya, un tiro no es nada. Bueno, si te lo dan a ti, que eres un pequeñajo, a lo mejor te espachurran. Lo que duele es lo otro. ¿Que le habré visto yo a esa gilipollas? ¿Pero tu te has fijado? Si esta en los huesos, ni tetas ni nada, y una cara de tonta que no se lame. Cada vez que iba a verme al hospital me sentaba peor que la penicilina. Por cierto, que tu no has aparecido por la cuatrocientos veintidos, sinvergüenza…[…] ¿Tu crees que esto se me pasara? ¡Quieres dejar de dar vueltas de una vez en ese cacharro!...¿Has estado enamorado alguna vez, Humprey? No te lo aconsejo […] Yo, antes de esto, solo de aquella chica de Simago. No te preocupes, que no te lo cuento otra vez. Pero no era como ahora […] Esto es ridiculo…(Se suena disimuladamente las lagrimas) Estoy un poco constipado, sabes. Si, te lo juro. Soy un ridiculo, por mucho que te empeñes, lo soy y ya esta. Un idiota”          

2. Señala cuál de las formas que aparecen entre paréntesis es la adecuada:

Se da mucha importancia porque tiene el título de (barón/varón).
Desde el castillo se dominaba un (vasto/basto) territorio.
Es un hombre (vasto/basto), sin gusto ni educación.
Pásame la (bobina(bovina) de hilo azul.
No sé si (botar/votar) en las próximas elecciones.
(Tubo/tuvo) que salir corriendo.
El trabajo le (absorbe/absorve) todo el tiempo.
Las (abalanchas/avalanchas) de nieve son un peligro para los alpinistas.
Al pronunciar ese fonema vibran las cuerdas (bucales/vocales)
Se puso (lívido/libido) del frío que hacía.

3. En los enunciados siguientes, sustituye el verbo "echar" por otros verbos, de manera que no se repita ninguno:

El árbitro lo echó del campo.
Creo que tienes que echar más sal a la sopa.
Los ladrones echaron abajo la puerta de la casa.
Esta noche echan una película de aventuras.
Eso echa un olor insoportable.
El camión echaba mucho humo.
Voy al Ministerio a echar una instancia.
El Ministro ha echado al Director General.
Voy a echarme un trago de agua.
Le echó el café encima.

4. He aquí adjetivos que mantienen semejanzas en su significado: esbelto, desenvuelto, lucido, gentil, desenfadado, apuesto, bizarro, garboso, ágil. Utiliza el más conveniente en cada uno de los enunciados siguientes:

La muy tonta siempre soñaba con ir del brazo de un ... militar.
A sus 20 años, él también era un muchacho hermoso y...
Es un joven que se mueve con agilidad y rapidez; es muy...
Dicen que es una mujer descarada y sin recato, pero simplemente es una persona...
No es nada cohibido, tiene un comportamiento...
Ahora que ha recuperado la salud y ha ganado peso tiene un aspecto más...
Su hermano es un mozo ...: amable y de buena presencia.
Es un individuo...: se mueve con gracia y brío.
Con su altura y delgadez resulta una muchacha muy...

5. Escribe hecho, echo, deshecho, desecho según corresponda:

El ... de que falte tanto se debe a su mala salud.
¿...más sal a la ensalada?
Como acabo de llegar, todavía no he .... las maletas.
En principio, ... esa idea.
Ha dejado todo ese material para...

6. Escribe ahí, hay, ay según corresponda:

No ... quien se quede...
¡..., qué daño me he hecho!
Creo que ... no ...nada
¡...que fastidiarse! ¿Qué pesado eres!

7. Escribe correctamente las siguientes expresiones y explica su significado: a grosso modo; cum laudem; in fragante; status quo; suis generis.

8. Corrige en los siguientes enunciados los defectos de estilo producidos por la proximidad de palabras de la misma familia léxica:

No te acerques a la gata, que está criando sus crías.
Esta narración narra las aventuras de un joven estudiante.
Los corredores hicieron la primera parte de la prueba corriendo a un ritmo muy fuerte.
La decisión que ha decidido el Gobierno no agrada a nadie,.
Las poesías de este poeta tienen muchos ripios.