miércoles, 11 de abril de 2012

TEMA 13. La consolidación de una nueva forma de escribir en la novela.

 
 La civilización liberal se derrumba con la Primera Guerra Mundial (1914-1918) que, además de provocar el horror como nunca antes por el enorme número de muertos y heridos, dejó a los países vencedores- excepto EEUU- en la bancarrota y ocasionó el desmoronamiento de buena parte de los regímenes europeos. Tras la guerra, Europa se hunde en una depresión económica que propicia el auge del fascismo italiano y de otros movimientos autoritarios; en cambio, los EEUU, lejos de los campos de combate y habiéndose incorporado al bando aliado tiempo después de comenzar los enfrentamientos, disfruta por estas fechas de un crecimiento económico que le permitirá situarse como la primera potencia mundial. 
  Durante el transcurso de la guerra, en 1917, un acontecimiento conmovió al mundo: la revolución bolchevique de Rusia. Su importancia trascendía las fronteras nacionales: el objetivo era la revolución socialista mundial, empezando por los países más industrializados de Europa. Con este fin, se funda en 1919 la III Internacional; la consecuencia fue que se ahondó la brecha entre los reformistas socialdemócratas y los revolucionarios.
  En el campo del arte y de la cultura, el primer tercio del siglo XX es particularmente fértil. Se produce una explosión creativa, de cuya diversidad da idea la multitud de movimientos estéticos que se suceden y solapan en pocos años: son las vanguardias. Las corrientes vanguardistas se caracterizan por su afán experimental y su voluntad rupturista con respecto al arte anterior. En general, es en las artes plásticas donde se concreta más explítitamente el cambio con respecto a la tradición artística previa.
  Durante la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral. Pese a los extraordinarios beneficios empresariales obtenidos gracias a dicha neutralidad, la población se empobreció y se intensificó la lucha de clases, lo que culminó en la huelga general de 1917. En Barcelona, grupos anarquistas pasaron a la acción directa y organizaron atentados, a lo que respondió la patronal con bandas de pistoleros a sueldo. En 1920 se fundó el Partido Comunista de España. A esta tensión social se añadieron las consecuencias del anacrónico colonialismo español en el norte de África. Con el golpe militar de Primo de Rivera en 1923 termina la Restauración.

CARACTERÍSTICAS DE LA NARRATIVA DEL SIGLO XX: Que la novela ha sido el género literario por excelencia del siglo XX admite pocas dudas. Se ha dicho que con Stendhal llega a la culminación el tipo de narración que Cervantes elevó a rango de obra de arte. Al novelista del siglo XX le quedaría, por tanto, solo contar manejando ese juego de estructuras que los grandes narradores del pasado le habían legado. Sin embargo, cada vez que se anuncia el final de la novela como género surge una obra maestra nueva.
  En el discurso narrativo de este siglo nos encontramos con la negación absoluta del género, con intentos de renovación parcial o total, con críticos y creadores que han buscado nuevas denominaciones para lo que consideraban que no se ajustaba al modelo literario conocido como “novela”: antinovela, no-novela, novela nueva, nivola, novela lírica…El novelista ha incorporado el debate a su propia creación para hacer partícipe al lector y, en el otro extremo, nunca como en esta centuria se ha teorizado tanto sobre el hecho novelesco: Ortega y Gasset, Barthes, H. James, E.M. Foster, Todorov, Batjin, Genette, etc. A la postre, la única conclusión posible es que existen tantas “novelas del siglo XX” como novelistas o, lo que es lo mismo, en sentencia ya célebre de Camilo José Cela: “Novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del libro y entre paréntesis, la palabra novela”.
   Ante tal diversidad es fácil comprender la dificultad de establecer una caracterización tan general que resulte válida para todos los narradores de este siglo. Además, el ritmo vertiginoso de los acontecimientos  históricos y sociales es trasladable a lo literario: los movimientos, escuelas, hallazgos y modelos se suceden rápidamente, se solapan incluso, ofreciendo una convivencia de conceptos narrativos opuestos que arrojan, si cabe, más dificultad a esta pretendida caracterización. 

TENDENCIAS
  1. Deshumanización, hermetismo en la búsqueda del “arte por el arte” huyendo de la realidad.
  2. Novela comprometida, social.
NARRADOR
El narrador omnisciente deja paso al narrador dubitativo, frecuentemente en primera persona. La duda se traslada al lector mediante el escepticismo o los titubeos del narrador.
PUNTO DE VISTA
Para alejarse de lo narrado, el narrador adopta diferentes puntos de vista: tan pronto desarrolla los hechos en calidad de testigo o transcriptor como incorpora el monólogo interior o se documenta con la meticulosidad del periodista o historiador.
TIEMPO Y ESPACIO
El tiempo desaparece hasta el punto de ocuparse de unos meses, de un día o de un breve instante. Así pues, se prima el espacio, incorporado con múltiples detalles u operando con valor simbólico, provisto de una nueva expresividad. Lo narrativo cede paso a lo descriptivo.
Ni el tiempo ni el espacio son lineales. El universo es relativo, fragmentario, caótico y la novela también: saltos en el tiempo, carencia de puntuación y párrafos, fragmentarismo, experimentación, etc.
ESCENARIO
La ciudad se convierte en el escenario por excelencia; en ocasiones, se convierte en verdadera protagonista de la obra.
PERSONAJES
Más centrada en el personaje que en los hechos, el protagonista es un antihéroe que se mueve desorientado y angustiado por la ciudad. Se trata de un personaje redondo, que a veces está teñido de autobiografismo y bajo cuya perspectiva psicológica se narra la acción, pero que en muchas ocasiones forma parte de una masa, como en la novela coral.
METALITERATURA
Existe una reflexión constante sobre la tarea de narrar que, en ocasiones, da lugar a apostillas, anotaciones o trabajos críticos de los propios creadores, pero que, en muchas otras, se incorporan a la propia novela.
                                                                                       

INFLUENCIA DE OTRAS ARTES EN LA NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX

1. CINE: Novela y cine se retroalimentan, pues numerosas obras cinematográficas se han basado en grandes novelas (El nombre de la rosa  de Umberto Eco; Fahrenheit 451 de Ray Bradbury) y es frecuente la participación de novelistas en sus guiones (García Márquez, Steinbeck, Capote). 

Técnicas novelísticas influidas por el cine: saltos temporales (flashbacks), montaje cinematográfico, variación de planos, escenas simultáneas, cámara lenta…

2. MÚSICA: La relación entre la música y la literatura se ha cifrado en los valores rítmicos de la poesía o en la influencia de la ópera. 
3. PINTURA: Cuando la pintura abandona, con las vanguardias, el objetivo de ser reflejo de la realidad, la novela hace otro tanto, y encontramos también novela-collage (La mujer de las mil cabezas de Max Ernst); colaboraciones entre géneros, como las de Sonia Delaunay y Cendrars; reducciones cubistas que emparentan las greguerías y las “novelas de la nebulosa” de Gómez de la Serna con el cubismo o la etapa abstracta de Picasso; la novela objetivista de Robbe-Grillet se aproxima a la pintura geométrica de un Mondrian; grandes pintores que novelan, como Dalí, Picasso, Solana…Asimismo, la propia imagen asociada al texto o a la tipografía resultan, en ocasiones, fundamentales (El principito de Saint-Exupéry).

4. ARQUITECTURA: El replanteamiento de la relación espacio-tiempo ha permitido en el siglo XX llegar a lo fragmentario, a lo caótico, a lo no-lineal. En arquitectura, Frank Gehry o Daniel Libeskind fusionan arquitectura con narración escrita y visual; en literatura, Rayuela de Julio Cortázar es un edificio de pasillos laberínticos y formas ageométricas, donde podemos añadir y suprimir ciertos espacios.


   
   Cuando se acerca el final del siglo XIX tiene lugar la crisis de la novela realista: la narración objetiva de unos hechos, ordenados cronológicamente, efectuada por un narrador omnisciente que se recrea en la descripción exhaustiva de ambientes y personajes es puesta en cuestión.


  En los primeros años del siglo XX nos encontramos con:

a)      Novelistas que siguen fieles al Realismo. Ejemplos: Pío Baroja, Blasco Ibáñez, Henry Sienkiewicz- Quo vadis?, Edith Wharton- La edad de la inocencia, Henry James, Joseph Conrad- El corazón de las tinieblas, Arthur Conan Doyle, Julio Verne, H.G. Wells, Rudyard Kipling, Mark Twain. 
b)      Novelistas que, sin cuestionarse los principios fundamentales del Realismo, lo superan o lo hacen evolucionar hacia subgéneros nuevos (existencialismo, neorrealismo italiano, realismo socialista, realismo de la posguerra española, realismo mágico, novela histórica, etc). 
c)      Los novelistas que rompen abierta y violentamente con las posiciones artísticas dominantes, poniendo el acento en la forma y desentendiéndose de todo lo que no sea puro arte (vanguardistas, generación perdida americana, novela experimental, etc.)

1. NARRATIVA EN LENGUA INGLESA

1. JAMES JOYCE



  El fin del Realismo mediante una obra volcada definitivamente en la forma, donde el estilo se convierte en el protagonista absoluto, llega sin duda con Joyce. Él es considerado el padre de la novela contemporánea. Sus novelas, que han dado lugar a cientos de estudios críticos e interpretaciones, tiene la ciudad de Dublín como escenario, y sobre sus calles se va trazando una innovadora epopeya de la contemporaneidad.
  Mientras que en Dublinenses percibimos muerte y pesimismo, Retrato de un artista adolescente está repleto de elementos autobiográficos a través del protagonista, Stephen Dedalus, quien también aparece en Ulises. Esta última obra es una de las cimas artísticas de la literatura. El propio Joyce asistió a las interpretaciones que la crítica hizo sobre sus personajes (Bloom, Molly y Dedalus vendrían a ser Ulises, Penélope y Telémaco) y, sobre todo, sobre las trasposición de escenarios y episodios de la Odisea a su novela.
  Una de las claves de Ulises es el manejo del tiempo, elemento recurrente en la narrativa contemporánea. La acción transcurre en 24 horas, lo que da pie a exhaustivas y documentadas descripciones, pero, especialmente, a un rápido fluir de sentimientos, sensaciones y diálogos entre los personajes, que aun confundiéndose con la voz narrativa (mediante la incorporación de corrientes de conciencia y monólogo interior), manifiestan toda su complejidad psicológica y vital presentando rasgos personales y lingüísticos propios.

http://www.cadenaser.com/articulo/cultura/Guia/perder/miedo/Ulises/Joyce/csrcsrpor/20040616csrcsrcul_1/Tes/

  CAPÍTULO 6: "HADES"

  El señor Bloom admiró el opulento volumen del vigilante. Todos quieren estar en buenos términos con él. Un tipo decente, John O'Connell, de buena extracción. Llaves: como el anuncio de Keyes: sin miedo de que nadie salga, sin controles de salida. Habeat corpus. Tengo que encargarme de ese anuncio después del funeral. ¿Escribí Ballsbridge en el sobre que usé para disimular cuando ella me descubrió escribiéndole a Marta? Espero que no esté tirado en la oficina de cartas sin reclamo. Estaría mejor afeitado. Barba que ya sale gris. Esa es la primer señal cuando los pelos se vuelven grises y viene el malhumor. Hilos de plata entre el gris. Imaginate ser su mujer. Me pregunto cómo tiene el tino de declararse a una muchacha. Vamos, vivamos en el cementerio. Mostrale eso. Podría emocionarla al principio. Cortejar la muerte… Sombras nocturnas rondando por aquí con todos los muertos desperezándose en los alrededores. Las sombras de las tumbas cuando los camposantos bostezan y Daniel O'Connell debe ser un descendiente supongo quién era quien solía decir decir que era un raro de raza gran católico igual como un gran gigante en la oscuridad. La luz mala. Emanaciones de las tumbas. Quiero mantener su mente fuera de esto, para poder pensar algo. Las mujeres especialmente son tan susceptibles. Uno les cuenta una historia de fantasmas en la cama para hacerlas dormir. ¿Viste un fantasma alguna vez? Bueno, yo sí. Era una noche de boca de lobo. El reloj estaba por dar las doce. Sin embargo besarían dadas las circunstancias adecuadas. Putas en tumbas turcas. Si uno las pesca de jóvenes, pueden aprender cualquier cosa. Uno podría llevarse una joven viuda por acá. A los hombres les gusta eso. Amor entre las tumbas. Romeo. Especias de placer. En el medio de la muerte estamos vivos. Ambos extremos se tocan. Tentando a los pobres muertos. El aroma de bifes a la plancha para los hambrientos royéndoles las entrañas. Ganas de vivificar gente. Molly queriéndolo hacer en la ventana. Igual tiene ocho hijos.
  Ya ha visto una buena cantidad de gente ir bajo tierra en su momento, tirados a su alrededor campo tras campo. Camposantos. Más lugar si se los entierra parados. Sentados o de rodillas no se podría. ¿Parados? La cabeza podría asomar un día en algún terremoto con la mano señalando. Todo el campo debe estar panalizado: celdas oblongas. Y lo mantiene muy prolijo también: corta el pasto y los bordes. El intendente Gamble llama Monte Jerome a su jardín. Y lo es. Deben ser flores del sueño. Los cementerios chinos donde crecen tulipanes gigantes producen el mejor opio, me dijo Mastiansky. Los Jardines Botánicos están ahí mismo. Es la sangre que se hunde en la tierra la que da nueva vida. La misma idea esos judíos que dijeron haber matado al niño cristiano. Todo hombre su precio. El grueso cadáver bien preservado de un caballero, epicúreo, invaluable para un jardín frutal. Una ganga. Por la carcasa de William Wilkinson, auditor y contador, recientemente fallecido, tres libras, trece chelines con seis. Agradecido.
  Me animo a decir que el suelo engordaría con el abono de cadáveres, huesos, carne, uñas, osarios. Horribles. Se vuelven verdes y rosas, se descomponen. Se pudren rápido en la húmeda tierra. Los flacos viejos son más duros. Luego como ceroso con aspecto de queso. Luego se empieza a poner negro, una melaza que se les rezuma. Luego se secan. Mariposas de la muerte. Claro que las células o lo que sean siguen viviendo. Van cambiando. Viven prácticamente para siempre. Nada para comer se comen ellas mismas.
   Pero deben criar un infierno de gusanos. El suelo debe formar remolinos con ellos. Se le arremolina la cabeza a uno. Esas lindas chicas en la playa. El parece bastante contento con esto. Le da una sensación de poder ver a los demás ir bajo tierra primero. Me pregunto cuál es su mirada sobre la vida. Cuenta sus chistes, además: lo pone de lo más feliz. Aquel del boletín. Spurgeon se fue al cielo a las 4 AM esta mañana. Las 11 AM (hora de cerrar). No llegó todavía. Pedro. Los mismos muertos los tipos de alguna manera querrían oír algún chiste o las mujeres saber qué está de moda. Una pera jugosa, o un jugo de frutas para damas, caliente, fuerte y dulce. La humedad, afuera. Hay que reírse a veces así que mejor hacerlo así. Los sepultureros en Hamlet. Muestra el profundo conocimiento del corazón humano. No se anima a contar un chiste de muertos por dos años, al menos. De mortuis nil nisi prius. Primero hay que salir del duelo. Difícil imaginarse su funeral. Parece como un chiste. Leer el propio obituario dicen que uno vive más. Como que da nuevos ímpetus. Un nuevo contrato para vivir.


 
2. VIRGINIA WOLF Y EL CÍRCULO DE BLOOMSBURY



   Coetánea de Joyce,  fue el centro de un grupo de intelectuales progresistas y escépticos, el Círculo de Bloomsbury, que perseguía el placer estético y el conocimiento a través de la creación (E.M.Foster, T.S.Eliot, Bertrand Russell, M. Keynes).
   En la novela de Virginia Woolf se percibe una gran intensidad lírica aprehendida mediante la dispersión de elementos evocadores (paisajes, objetos, recuerdos, intervenciones de los personajes). Lo que queda no es la trama, sino el “halo luminoso”. Todas las experiencias sensoriales se acumulan y determinan una percepción diferente, muy cercana a la poesía. Es comprensible, por tanto, que el monólogo interior y las corrientes de conciencia, tanto como la mezcla de pasado, presente y futuro, aparezcan en sus mejores obras (Al faro, Las olas, Entre los actos, etc.)

FRAGMENTO DE LA PELÍCULA "LAS HORAS":
http://www.youtube.com/watch?v=F0p1_HnBBYU

FRAGMENTO DE "LAS OLAS"

 "El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "

  Además de Joyce y Virginia Woolf, hay que destacar a D.H. Lawrence (El amante de lady Chatterley), George Orwell (1984, Rebelión en la granja), Aldous Huxley (Un mundo feliz) o a los fundadores del círculo de Inklings, J.R. Tolkien (El señor de los anillos) y C.S. Lewis (Crónicas de Narnia).

 2.  NARRATIVA EN LENGUA FRANCESA



3. MARCEL PROUST

La novela psicológica ya había sido apuntada por los grandes maestros del siglo XIX: Stendhal, Zola y, sobre todo, Dostoievski habían trazado un camino de ineludible tránsito para los narradores de las primeras décadas del siglo XX, y solo los vanguardistas osaban apartarse hacia sendas inexploradas. Así, la irrupción de un novelista adinerado, caprichoso, enfermizo y refinado como Proust no fue, en principio, tomada muy en serio.
No obstante, Marcel Proust estaba llamado a consagrar su vida a la redacción de una de las grandes obras de todos los tiempos, En busca del tiempo perdido. Novela-río por excelencia, la trama gira en torno a un narrador que en el primer volumen ya plantea la alternativa de dos senderos, el de Germantes (la aristocracia) y el de Méséglise o de los Swan (la pasión amorosa). Asistido en su formación por un artista y por un músico, el narrador va desarrollando un enorme monólogo interior en primera persona, técnica muy adecuada para indagar en la complejidad psicológica de los personajes y que le permite aportar multitud de elementos autobiográficos. No es, sin embargo, una novela centrada en la trama o en los personajes: la obra recrea un universo completo. En el último volumen compara su proceso de creación con el de una catedral gótica, cuyos planos iniciales van cambiando su laberíntica estructura a medida que avanza la construcción. Los mecanismos que utiliza para ello (minuciosas descripciones, incorporación de sensaciones y recuerdos, periodos sintácticos inusualmente largos y complejos) convierten su lectura en una tarea indudablemente ardua.
Las acciones se van presentando como los distintos elementos de una sinfonía para conformar una realidad literaria única. Coincide con el impresionismo en la caracterización de los personajes de manera fragmentaria a través de sus gustos, aficiones y hábitos o mediante la interpolación de evocaciones.
Tal vez sea el concepto de evocación el que mejor defina la obra: se evocan olores, sabores, colores, sensaciones, formas, entregándose a la memoria sensorial, más que a la reflexión, para mostrar esa realidad del presente-pasado. Asistimos, en definitiva, a un experimento filosófico emparentado con las teorías sobre el conocimiento y la memoria de Bergson o con la recuperación de parcelas del subconsciente de Freud.

"En busca del tiempo perdido"

1. Por el camino de Swann

Claro que Swann no tenía conciencia directa de lo grande de ese amor. Cuando quería medirlo le parecía a veces empequeñecido, casi reducido a la nada; por ejemplo, lo poco que le atraían, casi la repulsión que le inspiraban, los rasgos fisonómicos de Odette antes de que se enamorara de ella, y que volvía a sentir algunos días. «Verdaderamente, voy progresando», decía; «ayer no sacaba ningún gusto de estar en su cama, es curioso; y hasta me parecía fea.» Y era sincero, sí; pero su amor iba bastante más allá de las regiones del deseo físico. Y no entraba en él, por mucho, la persona de Odette. Cuando sus miradas tropezaban con la fotografía de Odette que tenía encima de la mesa, o cuando la propia Odette iba a verlo, le costaba trabajo identificar la figura de carne o de cartulina con la preocupación dolorosa y constante que en su seno sentía. Exclamaba con asombro: «¡Es ella!»; como si de repente nos mostraran exteriorizada, ahí delante de nosotros, una enfermedad que padecemos, y no la encontráramos parecida a la nuestra. «¡Ella!» Swann se preguntaba qué era eso de «¡ella!», porque guarda mucha mayor semejanza con el amor y con la muerte que esas cosas que tanto se repiten, el interrogar, cada vez más, por miedo a que se nos escape, el misterio de la personalidad. Y aquella enfermedad amorosa de Swann se había multiplicado tanto, se enlazó tan íntimamente a todas las costumbres de Swann, a sus actos, a su pensamiento, a su salud, a su sueño, a su vida, a lo que deseaba para después de la muerte, que ya no formaba más que un todo con él, que no era posible arrancársela sin destruirlo a él, o, para decirlo en términos de cirugía, su amor ya no era operable.

3. NARRATIVA EN LENGUA ALEMANA

4. THOMAS MANN

En la Alemania industrial y militarizada de principios del siglo XX la técnica expresionista domina la pintura, el cine y la producción novelística de escritores como Kafka, Herman Hesse, Robert Musil, Ivan Goll, etc.
Ciertos sectores de la crítica literaria sitúan a la obra de Thomas Mann, por su perfeccionismo y por sus ataques a la vanguardia más atrevida, como el estertor de la novela burguesa; sin embargo, es evidente que este autor es uno de los grandes innovadores de la novela, si bien su propuesta no se centra en la experimentación lingüística como la de Joyce o Proust, sino en la incorporación de la reflexión a la narración. Thomas Mann rechaza un arte deshumanizado que carezca de compromiso con la realidad, incluida la realidad propia que soporta lo soñado y lo anhelado.
Desde su primera novela, Los Buddenbrook, existe una análisis preciso del hombre burgués de su tiempo, en tensión con la sociedad y consigo mismo. Esa tensión llega también a Muerte en Venecia o Doctor Faustus, y descubrimos que se repite la reflexión por el papel del artista y la indagación en su compleja psicología, el eterno debate entre arte y vida. Entre sus grandes obras es La montaña mágica la más destacable, tanto por la profundidad de sus indagaciones filosóficas (tiempo, muerte, dolor, pasión, etc.) como por la pulcritud de su lenguaje; en ella se incorporan elementos simbólicos y se adopta un punto de vista distante e irónico, dejando el peso de la acción al diálogo. Puede considerarse una novela total.


"La montaña mágica"

En la novela se da a menudo la exposición y confrontación de las ideas de los personajes sobre diversos temas, con frecuencia profundos. Pero el paradigma de discusión filosófica lo mantiene Hans con dos personajes: Settembrini y Naphta, que dialogan entre ellos y con el protagonista, y que tienen temperamentos e ideas muy distintos, casi siempre opuestos. A lo largo de muchas páginas estos dos personajes discurren sobre política, filosofía, historia, arte o religión:

–El señor Settembrini –intervino Naphta– omite mencionar que el idilio roussoniano es una adaptación torpe y racionalista de la doctrina cristiana, el estado civil del hombre que no reconoce el pecado ni la sociedad, de su origen divino y de su unión íntima con Dios, unión que de nuevo debe realizarse. Pero el restablecimiento del reino de Dios, después de la disolución de todas las formas terrestres, se halla situado en un punto en que la tierra y el cielo, o aquello que es accesible y sobrenatural convergen. La salvación es trascendente, y en lo que se refiere a su República universal capitalista, mi querido doctor, es muy extraño que hable usted de «instinto» al referirse a ella. El ser instintivo se halla absolutamente relacionado con lo que es racional, y Dios mismo ha dotado a los hombres de instinto natural que los incita a separarse los unos de los otros en Estados diferentes. La guerra…
–La guerra –exclamó Settembrini–. Incluso la guerra, señores, se ha visto ya obligada a servir al progreso, como sin duda admitirán si recuerdan ciertos acontecimientos de su época preferida; me refiero a las Cruzadas. Estas guerras civilizadoras favorecieron acertadamente el mundo de las relaciones económicas y comerciales entre los pueblos y reunieron a la humanidad occidental bajo el signo de una idea.
–Se muestra muy tolerante con la idea. Quiero, pues, rectificar sus palabras cortésmente informándole de que las Cruzadas, al margen del impulso que dieron al comercio, ejercieron una influencia que no tiene nada de internacional; por el contrario, enseñaron a los pueblos a distinguirse entre ellos, y fomentaron el desarrollo de la idea del Estado nacional.
–Muy exacto, en lo que se refiere a las relaciones del pueblo con el clero. Sí, en aquellos tiempos el sentimiento del honor del Estado nacional comenzó a fortificarse, saliendo al paso de la presunción jerárquica…

5. FRANZ KAFKA

Franz Kafka ha legado el adjetivo kafkiano como sinónimo de absurdo o angustioso. Así es el mundo literario del autor checo, especializado en captar lo que de raro y siniestro hay en la realidad, comenzando por la condición del hombre contemporáneo (La metamorfosis) y pasando por la administración de justicia (El proceso) o la creación de leyes (El castillo). Lo onírico, lo subconsciente y lo irracional emerge, de acuerdo con la técnica expresionista de hacer aflorar los sentimientos más profundos. En Kafka, esos sentimientos son la angustia, la soledad, la frustración y la culpabilidad, y los estampa en una prosa fría, corta, tajante y sin adornos, pero de una eficacia expresiva descomunal. Pese a la brevedad de su obra y de que solo fuese conocida gracias a la infidelidad de un amigo, que la publicó sin permiso tras su muerte, es, sin duda alguna, una de las visiones literarias más influyentes de todo el siglo XX.
4. LA GENERACIÓN PERDIDA AMERICANA

Tras las dos primeras décadas del siglo en EEUU se impone el american way of life, basado en el consumo individual incitado por la publicidad. Norteamérica se exhibía como el escaparate de las libertades, el éxito y el bienestar, mientras en sus ciudades el esplendor capitalista se enfrentaba a enormes bolsas de pobreza y delincuencia. Para los escritores y artistas americanos resultaba más atractivo, sin duda, el París recién salido de la Guerra Mundial, en el que existían dos centros de reunión incontestables: la casa de Gertrude Stein y la librería Shakespeare & Co. Allí podía verse a Picasso, André Gide o Paul Valéry junto con Ezra Pound, Hemingway, Scott Fitzgerald, Dos Passos… Stein los bautizó con el nombre de la “generación perdida”.

Hemingway, Scott Fitzgerald, Dos Passos, William Faulkner y John Steinbeck son los promotores de una nueva estética narrativa dentro de la literatura americana. La crisis moral de su país de origen les llevó a romper con el Realismo y a incorporar las innovaciones estéticas del arte europeo (en sus novelas, el narrador se convierte en un mero testigo que finge saber tan poco de los personajes como el propio lector, igual que en el neorrealismo italiano o en el Nouveau roman francés); aún más, su conciencia de la inutilidad de la guerra y de la gran falacia del mundo moderno les empujó a la acción política directa y a la aventura existencial.

6. ERNEST HEMINGWAY



Fue el primero en publicar en Europa algunos relatos breves en los que ya se vislumbraba su forma de escritura, basada en la economía expresiva y de sentimiento. Combinó sus reportajes periodísticos con la literatura, emulando la tradición americana del muckraker, en la que a través de novelas reportaje se denuncia un sistema social despiadado con el individuo. Desde Francia, viajó intermitentemente a España atraído por las esperanzas republicanas y por nuestra cultura. Fiesta se desarrolla en la Pamplona de los San Fermines, y en ella encontramos el extravío vital característico de sus personajes, que debe ser combatido a base de sufrimiento y aventura. Sus densas descripciones, el distanciamiento de los personajes por medio del diálogo, los periodos sintácticos breves y el autobiografismo reaparecen en Adiós a las armas, Muerte en la tarde, Por quién doblan las campanas o El viejo y el mar.


El pez tira con fuerza de la embarcación y la remolca varios kilómetros mar adentro. Santiago no tiene fuerza para sacarlo, pero lucha por no perder el pez: tiene la determinación de capturarlo a toda costa, pese a que con ello pone su vida en peligro, porque lleva muchos días sin conseguir nada; es su última oportunidad. Tras muchas horas, el viejo desfallece de sed y cansancio, sin embargo admira la determinación del pez:
Sintió nuevamente un vahído, pero siguió aplicando toda la presión de que era capaz al gran pez. «Lo he movido –pensó–. Quizá esta vez pueda virarlo. Tirad, manos –pensó–. Aguantad firmes, piernas. No me falles, cabeza. No me falles. Nunca te has dejado llevar. Esta vez voy a virarlo.»
Pero cuando puso en ello todo su esfuerzo empezando a bastante distancia antes de que el pez se pusiera a lo largo del bote y tirando con todas sus fuerzas, el pez se viró en parte y luego se enderezó y se alejó nadando.
–Pez –dijo el viejo–. Pez, vas a tener que morir de todos modos. ¿Tienes que matarme también a mí?
«De ese modo no se consigue nada», pensó. Su boca estaba demasiado seca para hablar, pero ahora no podía alcanzar el agua. «Esta vez tengo que arrimarlo –pensó–. No estoy para eso y mucho más.»
En la siguiente vuelta estuvo a punto de vencerlo. Pero de nuevo el pez se enderezó y salió nadando lentamente.
«Me estás matando, pez –pensó el viejo–. Pero tienes derecho. Hermano, jamás en mi vida he visto cosa más grande, ni más hermosa, ni más tranquila ni más noble que tú. Vamos, ven a matarme. No me importa quién mate a quién.»
«Ahora se está confundiendo la mente –pensó–. Tienes que mantener tu cabeza despejada. Mantén tu cabeza despejada y aprende a sufrir como un hombre. O como un pez», pensó.


7. SCOTT FRITZGERALD

Su talento literario le otorgó un rápido éxito entre críticos y lectores, éxito que le llevó a una vida de lujo, opulencia y alcohol que acabaría con su vida mientras buscaba trabajo como guionista en Hollywood. En sus cinco novelas (El gran Gatsby) y sus numerosos relatos mitificó los años 20 del jazz, el dinero, el placer y el arte.

8. JOHN DOS PASSOS


Es el escritor más atrevido en lo que se refiere a las innovaciones técnicas: en Manhattan Transfer la ciudad es el verdadero protagonista. Camilo José Cela emulará en La colmena muchos rasgos formales de la novela de Dos Passos: la fragmentación, el encadenamiento de acciones a través de trucos de montaje cinematográfico, la descripción desde diversos planos, la simultaneidad de acciones que leemos en progresión… En la trilogía USA, vuelve a utilizar esas técnicas y a convertir la caótica Nueva York en protagonista de sus novelas.

9. JOHN STEINBECK



Unos años más joven que sus compañeros de generación, su reconocimiento no llegó hasta los años 30, y, por entonces, el arte se había vuelto más propicio al compromiso, se había alejado de la pureza y la experimentación, de manera que sus inquietudes sociales encontraron salida en relatos sobre emigrantes, granjeros y huelguistas. Con Las uvas de la ira (1939) se consagró como estandarte de la novela social americana. Si bien huye de las veleidades formalistas, Steinbeck era un profundo conocedor del arte de escribir guiones cinematográficos; por otra parte, domina tanto la amable situación cómica como el drama. Entre sus obras, destacaremos La perla, De ratones y hombres, Al este del Edén.

10. WILLIAM FAULKNER



El más influyente de todos los novelistas americanos fue el que menos tiempo estuvo en París, el que no se relacionó con el mundo de las letras, encerrado en su casa sureña durante años: William Faulkner. Creó el imaginario condado de Yoknapatawpha y lo pobló de personajes y referencias que entran y salen de sus novelas para completar una mitología particular, un mundo simbólico que, como ha reconocido García Márquez, ejerce un magisterio ineludible en los “lugares míticos” creados por novelistas posteriores (Macondo de García Márquez, Comala de Juan Rulfo, Región de Juan Benet).
Faulkner ejerce como puente entre Joyce y los novelistas de la segunda mitad de siglo. Destaca por su estilo lento y cuidado, donde se suceden las cláusulas subordinadas y la linealidad cronológica se rompe para enlazar el presente y el pasado. En sus principales novelas despliega un catálogo de indagaciones sobre voces narrativas y puntos de vista:

- El ruido y la furia: en esta novela aparecen cuatro narradores.
- Mientras agonizo: monólogo interior de más de diez personajes.
- Absalón, Absalón: el lector debe reconstruir la historia.


La familia Compson, venida a menos, está compuesta por los padres y cuatro hijos: Caddy, Quentin, Jason y Benjy. Vive con ellos una familia de negros. Benjy es un deficiente mental al que su hermano Jason ha castrado. El primer capítulo es un largo monólogo de este personaje, y muestra sus pensamientos, sus recuerdos, sus miedos y sus obsesiones:
Llorón, dijo Luster. No le da vergüenza. Atravesamos el establo. Los pesebres estaban abiertos. Ya no tiene un caballo pinto para montar, dijo Luster. El suelo estaba seco y polvoriento. El tejado se estaba cayendo. Los orificios inclinados estaban todos llenos de remolinos amarillos. Por qué quiere ir por allí. Quiere que le partan la cabeza con una pelota de esas. «No saques las manos de los bolsillos». dijo Caddy, «O se te congelarán. No querrás tener las manos congeladas en navidad, verdad». Dimos la vuelta al establo. La vaca grande y la pequeña estaban en la puerta y oíamos a Prince, Queenie y Fancy pateando dentro del establo. «Si no hiciera tanto frío montaríamos a Fancy». dijo Caddy, «Pero hoy hace demasiado frío para cabalgar». Luego vimos el arrollo, donde volaba el humo. «Allí están matando el cerdo». dijo Caddy. «Podemos ir a verlo». Bajamos por la colina «Quieres llevar la carta». dijo Caddy. «Pues hazlo». Se sacó la carta del bolsillo y la metió en el mío. «Es un regalo de Navidad». dijo Caddy. «El tío Maury va a dar una sorpresa a la señora Patterson. Tenemos que dársela sin que nadie lo vea. Mete bien las manos en los bolsillos». Llegamos al arroyo. «Está helado». dijo Caddy. «Mira». Rompió la parte de arriba del agua y me puso un trozo sobre la cara. «Hielo. Fíjate lo frío que está». Me ayudó a cruzar y subimos por la colina. «Ni siquiera podemos decírselo a Padre y Madre. Sabes qué creo que es. Creo que es una sorpresa para Padre, para Madre y para el señor Patterson, porque el señor Patterson te mandó caramelos. Te acuerdas de que el señor Patterson te mandó caramelos el verano pasado». Había una cerca. La hierba estaba seca y el viento la hacía crujir.

5. LA NOVELA EXISTENCIALISTA

Las producciones literarias ligadas al pensamiento existencialista suelen situarse después de la Segunda Guerra Mundial , pero, aunque su formulación filosófica sea tardía, el existencialismo se origina en el siglo XIX, al entrar en crisis el idealismo hegeliano. Filósofos como Kierkegaard (1813-1855) plantean una percepción pesimista de la existencia: Kierkegaard instaura una línea de pensamiento que se fundamenta en el estudio del hombre como ser individual y concreto, que adquiere conciencia de sí mismo y, por tanto, de su existencia en el momento en que ha de actuar y tomar decisiones, pues su existencia no viene predeterminada. El hombre siempre puede elegir entre diversas posibilidades de comportamiento: la libertad es una condición humana permanente que las situaciones límite ponen de manifiesto.
Martin Heiddeger (1889-1976) sostiene que el hombre procede de la nada, y la muerte, su destino final, remite a ella. No hay valores eternos donde acogerse: el ser humano ha de realizarse a sí mismo. El ser humano adquiere así una libertad que, en lugar de provocar una sensación de bienestar, crea angustia y desesperación.
El existencialismo no es solo una filosofía, sino una expresión de la crisis espiritual del siglo XX.

11. JEAN-PAUL SARTRE


Es el prototipo del escritor que intenta dar sentido a la vida mediante la acción. Según Sartre, es al hombre al que le corresponde buscar un objetivo vital contando únicamente con sus recursos, lo que excluye a Dios. El hombre debe ejercer en libertad una acción que le comprometa consigo mismo y con los demás, sin reparar en prejuicios morales o religiosos. Entre sus obras, destacan La náusea (1938), Los caminos de la libertad y Las palabras.

12. ALBERT CAMUS



A pesar de su militancia anarquista y sus intervenciones humanitarias y políticas, fue acusado desde el círculo de Sartre de mantener una rebeldía puramente estética y de retirarse de la lucha social, lo que molestó al escritor. Para muchos es Albert Camus el que más talento literario muestra, destacando por un estilo elegantemente sobrio.
Su obra maestra, El extranjero (1942), es un relato en primera persona y en estilo indirecto, con periodos sintácticos muy cortos que le confieren un dinamismo asombroso, pero también una aparente frialdad consecuente con el carácter del protagonista: un hombre frío, condenado por asesinato, que deja al descubierto la hipocresía de una sociedad que solo juzga las apariencias.

El protagonista es condenado a morir guillotinado. La sentencia es asumida con naturalidad: Meursault manifiesta una total indiferencia por su propio destino. Ni siquiera trata de decir algo en el juicio en su defensa. Sin miedo ni esperanza, ni siquiera se aferra a la posibilidad de ser indultado. Se niega a recibir al capellán, con el que al final incluso discute, y acepta su muerte:


Durante toda la jornada había mi petición de indulto. Creo haber aprovechado al máximo esa idea. Calculaba sus consecuencias y obtenía de mis reflexiones un óptimo rendimiento. Partía siempre de la suposición más negativa: mi petición era rechazada. «Pues bien, habré de morir.» Antes que otros, era evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida. No ignoraba, en el fondo, que morir a los treinta o a los setenta años no tiene gran importancia porque, naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivirán, y así durante miles de millones de años. Nada resultaba más evidente, en realidad. Era siempre yo el que moría, ahora o dentro de veinte años. En ese momento, lo que me molestaba un poco en mi razonamiento era el brinco terrible que sentía en mí al pensar en veinte años de vida por venir. Pero no tenía más que ahogar esos pensamientos imaginando lo que estos serían cuando, de todos modos, la hora hubiese de llegar. Desde el momento en que se muere, el cómo y el cuándo no importan, es evidente. Así (y lo difícil era no perder de vista todos los razonamientos que ese «así» representaba), así, debía yo aceptar que mi petición fuese recusada

 
6. LA NOVELA NEORREALISTA ITALIANA

Como reacción a las vanguardias, en la década de los 30 se reclama un arte más humano, comprometido y social. El “nuevo romanticismo” en España, el “realismo socialista” de la URSS o la “nueva objetividad” de Alemania representan una vuelta a la narrativa realista. En Italia, Arnaldo Bocelli comienza a hablar de neorrealismo al analizar la obra de pintores, artistas y cineastas convencidos de la necesidad de reflejar una Italia recién salida de la propaganda fascista.
En el cine destacan directores como Rossellini, de Sica, Visconti, Fellini, Antonioni, etc. Dentro de la literatura, cabe mencionar a Alberto Moravia (Los indiferentes, Mascarada), Elio Vittorini (Conversaciones en Sicilia), Cesare Pavese e Italo Calvino.



CORRIENTES NARRATIVAS POTERIORES A LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Progresivamente, la novela vuelve a basarse en la trama, más que en la experimentación formal, debido, en parte, a un ascenso inédito de la industria editorial. El mercado, que demanda y oferta historias, se globaliza: las novelas se traducen inmediatamente, la industria del cine aprovecha las novelas de manera cada vez más automática y comercial, la cultura es accesible a más personas, etc. Los escritores se multiplican y la novela es, además de un producto artístico y cultural, un bien de consumo, lo que hace muy difícil su clasificación.



NOUVEAU ROMAN
Desaparece el narrador, los personajes y la intriga: todo debe reducirse a la descripción de lo observado y a la presentación sistemática y sin afectividad de los actos y objetos que conforman la realidad.
Alain Gobbe-Grillet, Michel Dutor, Margarite Duras, Cluade Simon.
NOVELA DE MISTERIO
Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Boris Vian, Agatha Christie, Patricia Highsmith, Le Carré, Graham Greene.
NARRATIVA BEAT
En los años 50, renace el sueño americano, una ola de conservadurismo anticomunista asola Hollywood con su célebre “caza de brujas” y surge un grupo de jóvenes que alzan la voz contra esta situación: Jack Kerouac (On the road) y William Burroughs (Nova Express, El almuerzo desnudo, Ciudades de la noche roja, El lugar de los caminos muertos, Tierras de Occidente).
EL NUEVO PERIODISMO
Truman Capote: Desayuno con diamantes, A sangre fría. Tom Wolfe, Norman Mailer, Hunter S. Thompson.
LA NOVELA HISTÓRICA
Robert Graves: Yo, Claudio. Margarite Yourcenar: Memorias de Adriano. Umberto Eco: El nombre de la rosa. Naguib Mahfouz, Noah Gordon, Pérez-Reverte.
NARRATIVA FANTÁSTICA
William Golding (El señor de las moscas), Anthony Burguess (La naranja mecánica), Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?). Isaac Asimov (Robot), Arthur C. Clarke (2001: Odisea en el espacio).
NARRATIVA HISPANOAMERICANA
García Márquez, Ernesto Sábato, Onetti, Vargas Losa, Miguel Ángel Asturias, Roa Bastos, Lezama Lima, Julio Cortázar, etc.
NARRATIVA CRÍTICA CONTEMPORÁNEA
John Irving, Paul Auster, Philip Roth, Günter Grass, Saramago, Tabucchi, Kundera, Doris Lessing, Coetzee, etc.


FRAGMENTOS DE PELÍCULAS:

DOLCE VITA: http://www.youtube.com/watch?v=GKN1T3K1idg

DESAYUNO CON DIAMANTES: http://www.youtube.com/watch?v=yDddAKtELZ8

LA NARANJA MECÁNICA: http://www.youtube.com/watch?v=enwnM8vMkws

BLADE RUNNER: http://www.youtube.com/watch?v=KPcZHjKJBnE&feature=fvst

2001, ODISEA EN EL ESPACIO: http://www.youtube.com/watch?v=PfQ9QGgptns 

martes, 13 de marzo de 2012

TEMA 12. El arranque de la modernidad poética: de Baudelaire al Modernismo.

    A finales del siglo XIX asistimos a un proceso de transición desde una historia europeísta hacia un nuevo orden mundial; proceso que desembocará, finalmente, en la Primera Guerra Mundial. Este conflicto bélico resultó ser especialmente traumático, ya que, por primera vez, se vive una guerra global en la que participan los países más poderosos del momento, que luchan, además, por la victoria total. 1914, por tanto, supone la ruptura definitiva con el siglo XIX: los valores que habían aportado seguridad al hombre europeo (el positivismo, el progreso, el pragmatismo, el materialismo) fracasan estrepitosamente. Se sufre, en consecuencia, el llamado “mal del siglo”: se extiende por la sociedad el convencimiento de que la realidad es incognoscible, de que existen hechos que escapan de la percepción sensorial, de que la razón no lo puede todo, de que Dios y la religión se difuminan como en una nebulosa…La población se ve sumergida en una sensación generalizada de pesimismo, de hastío vital, y, como es fácilmente deducible, este sentimiento de fracaso afectará de manera especial a una pequeña potencia insuficientemente desarrollada, como España, que se ve de pronto en el centro del conflicto mundial por su posesión de las colonias de Ultramar, territorios ambicionados por EEUU y que acabará por perder definitivamente en el “desastre” del 98.

                                         
 
  A principios del siglo XX, la concepción de la Literatura da un giro radical hacia una nueva sensibilidad artística, que defiende el arte por el arte y la renovación de una forma de escribir caduca, lo que no es sino un síntoma de ruptura definitiva con la sociedad decimonónica. El modernista, desde la peculiaridad de su atruendo hasta su frecuente radicalismo político, manifestaba no sólo su deseo de provocar, sino también su oposición al asfixiante conformismo; el artista bohemio se sentía al margen de la sociedad, rebelde ante ella y protestaba contra el orden burgués.  En este sentido, existe un evidente paralelismo entre el Modernismo y la rebelión romántica frente a la sociedad posterior a la primera revolución industrial.

RASGOS DE LA LITERATURA MODERNISTA

1. Renace el gusto romántico por épocas pretéritas (el pasado medieval) y por países exóticos. En España, los escritores de fin de siglo defienden el mito de una Castilla antimercantil, austera y espiritual, en la que ven la esencia de España.

2. Hay una especie de complacencia en lo mortecino y ruinoso (decadentismo).

3. Se extiende una sensación general de hastío vital (spleen), que choca con los ideales racionalistas propios de la sociedad burguesa. Es característico en los textos de los jóvenes escritores el enfrentamiento entre intelectualismo y vitalismo, de forma que, siguiendo a Schopenhauer, se defiende que el pensamiento y la reflexión conducen al dolor. 

4. Es muy frecuente en la literatura modernista la aparición del erotismo, a veces conviviendo con el decadentismo y el malditismo.

5.  Los modernistas desean saltar por encima de las fronteras, son cosmopolitas y su meca es París.

6. La insatisfacción con el mundo es la causa de la angustia existencial que lleva a estos escritores a buscar lo trascendente más allá de las apariencias, búsqueda que se manifiesta en un espiritualismo exacerbado, en la identificación de Dios con la naturaleza (panteísmo), en el interés por los fenómenos inconscientes y en la afición por doctrinas esotéricas.

7. Ese anhelo de trascendencia conduce a una nueva Estética en la que se exalta la Belleza como el ideal supremo: el esteticismo es un culto casi religioso a la Belleza.

 
LA POESÍA MODERNISTA
                                                        

   En las letras hispánicas, el Modernismo literario tiene su cuna en Hispanoamérica, donde se había iniciado una renovación estética en dos direcciones: renuncia a la retórica del Romanticismo hispanoamericano con la búsqueda de una nueva expresión que se halla en la literatura europea contemporánea, especialmente francesa, y, como reacción espiritual frente al materialismo y deshumanización del mundo, recuperación del trascendentalismo romántico europeo, que en la literatura castellana se había desarrollado con menos intensidad. El florecimiento de la literatura modernista hispaniamericana vendrá de la mano de escritores de la talla de Rubén Darío y José Martí, entre otros muchos.
 

 Importantísima es también la influencia de la literatura francesa en el arranque de la modernidad poética, en concreto de tres movimientos:

a) Parnasianismo: toma su nombre de la publicación en 1866 de una antología de jóvenes poetas franceses con el título de "Parnasse contemporain" y se desarrolla entre 1861 y 1876. Sus principales representantes son Banville y Ménard Coppée, que se agrupan en torno a la figura del poeta Leconte de Lisle. Los parnasianos defienden el ideal del "arte por el arte": frente al creciente utilitarismo, el arte y la belleza están por encima del bien y del mal y son el único consuelo de la vida. El Parnasianismo influye en el Modernismo por su anhelo de perfección formal, por su afición al detalle y por el gusto por la mitología griega, el exotismo oriental, las civilizaciones antiguas...

b) Simbolismo: aparece, en sentido estricto, a mediados de los años 80: el punto de partida del movimiento es el manifiesto de Jean Moréas en 1886. Destacan los poetas Verlaine, Rimbaud, Baudelaire y Mallarmé. Para los simbolistas,  la poesía se convierte en un instrumento de conocimiento que intenta ascender a una realidad suprarracional. Lo inefable sólo puede evocarse a través del símbolo y el ritmo musical de los versos, como explica Valle-Inclán en “La lámpara maravillosa”. Característicamente simbolistas son la afición por la alusión, el gusto por apuntar sensaciones de color, el empleo de sinestesias y, sobre todo, la búsqueda de la musicalidad. 

 
c) Decadentismo: el término tiene su origen en el verso de Verlaine "yo soy el imperio al fin de la decadencia". Se trata de una corriente que surge del simbolismo, pero que se caracteriza por el refinamiento y la melancolía; se busca la evasión de la realidad a través del exotismo y se admira la fase de decadencia de las antiguas culturas, como Alejandría. El decadentismo, como corriente estética, es más bien efímero, pues puede considerarse finalizado hacia 1890. Destacan los poetas italianos D´Annunzio y Pascoli; en Gran Bretaña sobresale la figura de Oscar Wilde, máximo exponente del dandismo.

 
  Estos movimientos literarios que fecundan el Modernismo tienen, en realidad, su origen en la corriente de los poetas malditos, quienes intentan superar el Romanticismo grandilocuente y caduco del siglo XIX. A la cabeza de ellos, encontramos a Verlaine, quien publicó en 1888 "Los poetas malditos". En EEUU hay que mencionar a Edgar Allan Poe y a Walt Whitman, con sus "Hojas de hierba".
  La renovación del el lenguaje poético se percibe en el intento de sugerir las sensaciones que otras artes consiguen mediante la luz, el color, la música, etc. a través de aliteraciones, adjetivos ornamentales, imágenes sugerentes, símbolos, atrevidas sinestesias, vocablos exóticos, cultismos, neologismos, profusión de palabras esdrújulas...El ansia de renovación y el deseo de musicalidad conducen a una gran variedad métrica. Por influencia de los simbolistas franceses, se emplean los alejandrinos y los versos libres; en su anhelo de novedades rítmicas, los modernistas imitan la métrica clásica, si bien no rechazan el uso de esquemas métricos tradicionales (sonetos, coplas, seguidillas,  romances, silvas, serventesios...).   
 
1. BAUDELAIRE

  Baudelaire (1821-1867) es, sin duda, el poeta más importante de este periodo, a pesar de que en su momento fue un incomprendido, pues rompió con todas las convenciones establecidas. Entre los elementos de su biografía que determinaron su obra destaca su formación católica y sus viajes a lugares exóticos.
  Su aportación fundamental fue la publicación de Las flores del mal de 1857. El poemario, dividido en 6 partes según los temas tratados, supone el arranque de la modernidad poética en más de un sentido.

1. Las flores del mal supone una celebración de la belleza del mal, un acercamiento al satanismo que escandalizó a la sociedad de su momento.
2. Baudelaire parte del spleen para expresar la situación del poeta en un mundo que lo margina.
3. Para el poeta la base del conocimiento son los sentidos y el espíritu frente a la razón, de ahí la importancia de la sinestesia.
4. Un concepto central en la poesía de Baudelaire es el de la correspondencia o concepción del mundo como dualidad de fuerzas materiales y espirutuales.
5. El amor de Baudelaire es extremo. Canta a la mujer, la celebra y la exalta como objeto de culto.

2. PAUL VERLAINE


  De su vida (1844-1896) cabe destacar la intensa relación amorosa que vivió con el joven Rimbaud a pesar de estar casado, relación que incluso lo haría pasar un tiempo en la cárcel. Además de poesía, escribió interesantes obras en prosa de carácter crítico y autobiográfico.

1. Como poeta busca sugerir más que definir, evocar mediante la imprecisión.
2. El paisaje tiene una gran importancia para describir estados de ánimo.
3. Hay una honda preocupación por el verso: innovaciones métricas, experimentaciones con la rima, etc.
4. Entre sus principales obras se da una gran variación temática: Romanzas sin palabras refleja su relación con Rimbaud, Sabiduría es una colección de poesía religiosa, Amor contiene elegías dedicadas a su hijo adoptivo.
5. Los poetas simbolistas y parnasianos lo reconocían como maestro y hoy es considerado por la crítica como el padre del Modernismo.

3. ARTHUR RIMBAUD


  Vivió una vida turbulenta (1854-1891) que influyó en el discurrir de su trayectoria poética, muy vinculada a la de su mentor Verlaine, con el que mantuvo una tormentosa relación amorosa que marcaría a ambos. Después de una juventud de dedicación al arte, Rimbaud pasó sus últimos años en África sin escribir.

1. En su obra se encuentra la preocupación simbolista por el ocultismo y la intuición.
2. Busca nuevas formas de conocimiento a través de la exploración del subconsciente. En este sentido, es el precursor del surrealismo.
3. En cuanto al estilo, Rimbaud destaca por su fuerza y originalidad. Es el creador de la poesía hermética, oscura.
4. Las obras más importantes de Rimbaud son el poema El barco ebrio, que escribió siendo muy joven; Una temporada en el infierno, en que refleja una época muy dura de su vida; Iluminaciones, recopilado por Verlaine.

  Existe una película inspirada en su relación amorosa con Verlaine: "Eclipse de una pasión"



4. STEPHAN MALLARMÉ


  Mallarmé (1842-1898), a pesar de la brevedad de su obra, ha sido un modelo para los poetas modernos.

1. Su obra se caracteriza por la experimentación gramatical y la riqueza del vocabulario.
2. El predominio es de los sentidos: por una parte, busca la musicalidad; por otra, los colores son tan importantes como los conceptos.
3. Entre sus obras más importantes destacan Herodías y La siesta de un fauno.

domingo, 4 de marzo de 2012

"ANNABEL LEE" CANCIÓN DE RADIO FUTURA BASADA EN UN POEMA DE EDGAR ALLAN POE

http://www.youtube.com/watch?v=BuZMhbU5TPY

CUENTOS DEL TEMA 11

1. "VANKA" DE ANTON CHÉJOV


Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.
      Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.
      Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada, en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono obscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.
      El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.
      «Querido abuelo Constantino Makarich, —escribió—: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti..."
      Vanka miró a la obscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba da bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecillo enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Acompañábanle dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.
      Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando le tenían ya por muerto.
      En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.
      —¿Quiere usted un polvito? —les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.
      Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.
      Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.
      El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la obscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...
      Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.
      Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:
      «Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»
      Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.
      «Te seré todo lo útil que pueda —continuó momentos después—. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito, te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo, pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.
      «Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.
      «Abuelito, cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»
      Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas, pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:
      —¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!
      Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos le trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...
      «¡Ven, abuelito, ven! —continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho—. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte, que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdale bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes te quiere tu nieto
VANKA CHUKOV.
      Ven en seguida, abuelito.»
      Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:
      «En la aldea, a mi abuelo.»
      Tras una nueva meditación, añadió:
      «Constantino Makarich.»
      Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie se lo estorbase se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.
      El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.
      Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...
      Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.
      Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente paseábase en torno de la estufa y meneaba el rabo...
2. "EL COLLAR" DE GUY DE MAUPASSANT


  Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.
  No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde; porque las mujeres no tienen casta ni raza, pues su belleza, su atractivo y su encanto les sirven de ejecutoria y de familia. Su nativa firmeza, su instinto de elegancia y su flexibilidad de espíritu son para ellas la única jerarquía, que iguala a las hijas del pueblo con las más grandes señoras.
  Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación.
  La vista de la muchacha bretona que les servía de criada despertaba en ella pesares desolados y delirantes ensueños. Pensaba en las antecámaras mudas, guarnecidas de tapices orientales, alumbradas por altas lámparas de bronce y en los dos pulcros lacayos de calzón corto, dormidos en anchos sillones, amodorrados por el intenso calor de la estufa. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles repletos de figurillas inestimables y en los saloncillos coquetones, perfumados, dispuestos para hablar cinco horas con los amigos más íntimos, los hombres famosos y agasajados, cuyas atenciones ambicionan todas las mujeres.
  Cuando, a las horas de comer, se sentaba delante de una mesa redonda, cubierta por un mantel de tres días, frente a su esposo, que destapaba la sopera, diciendo con aire de satisfacción: "¡Ah! ¡Qué buen caldo! ¡No hay nada para mí tan excelente como esto!", pensaba en las comidas delicadas, en los servicios de plata resplandecientes, en los tapices que cubren las paredes con personajes antiguos y aves extrañas dentro de un bosque fantástico; pensaba en los exquisitos y selectos manjares, ofrecidos en fuentes maravillosas; en las galanterías murmuradas y escuchadas con sonrisa de esfinge, al tiempo que se paladea la sonrosada carne de una trucha o un alón de faisán.
  No poseía galas femeninas, ni una joya; nada absolutamente y sólo aquello de que carecía le gustaba; no se sentía formada sino para aquellos goces imposibles. ¡Cuánto habría dado por agradar, ser envidiada, ser atractiva y asediada!
  Tenía una amiga rica, una compañera de colegio a la cual no quería ir a ver con frecuencia, porque sufría más al regresar a su casa. Días y días pasaba después llorando de pena, de pesar, de desesperación.
   Una mañana el marido volvió a su casa con expresión triunfante y agitando en la mano un ancho sobre.
-Mira, mujer -dijo-, aquí tienes una cosa para ti.
   Ella rompió vivamente la envoltura y sacó un pliego impreso que decía:
"El ministro de Instrucción Pública y señora ruegan al señor y la señora de Loisel les hagan el honor de pasar la velada del lunes 18 de enero en el hotel del Ministerio."
  En lugar de enloquecer de alegría, como pensaba su esposo, tiró la invitación sobre la mesa, murmurando con desprecio:
-¿Qué haré yo con eso?
-Creí, mujercita mía, que con ello te procuraba una gran satisfacción. ¡Sales tan poco, y es tan oportuna la ocasión que hoy se te presenta!... Te advierto que me ha costado bastante trabajo obtener esa invitación. Todos las buscan, las persiguen; son muy solicitadas y se reparten pocas entre los empleados. Verás allí a todo el mundo oficial.
  Clavando en su esposo una mirada llena de angustia, le dijo con impaciencia:
-¿Qué quieres que me ponga para ir allá?
  No se había preocupado él de semejante cosa, y balbució:
-Pues el traje que llevas cuando vamos al teatro. Me parece muy bonito...
   Se calló, estupefacto, atontado, viendo que su mujer lloraba. Dos gruesas lágrimas se desprendían de sus ojos, lentamente, para rodar por sus mejillas.
  El hombre murmuró:
-¿Qué te sucede? Pero ¿qué te sucede?
   Mas ella, valientemente, haciendo un esfuerzo, había vencido su pena y respondió con tranquila voz, enjugando sus húmedas mejillas:
-Nada; que no tengo vestido para ir a esa fiesta. Da la invitación a cualquier colega cuya mujer se encuentre mejor provista de ropa que yo.
  Él estaba desolado, y dijo:
-Vamos a ver, Matilde. ¿Cuánto te costaría un traje decente, que pudiera servirte en otras ocasiones, un traje sencillito?
  Ella meditó unos segundos, haciendo sus cuentas y pensando asimismo en la suma que podía pedir sin provocar una negativa rotunda y una exclamación de asombro del empleadillo.
  Respondió, al fin, titubeando:
-No lo sé con seguridad, pero creo que con cuatrocientos francos me arreglaría.
  El marido palideció, pues reservaba precisamente esta cantidad para comprar una escopeta, pensando ir de caza en verano, a la llanura de Nanterre, con algunos amigos que salían a tirar a las alondras los domingos.
  Dijo, no obstante:
-Bien. Te doy los cuatrocientos francos. Pero trata de que tu vestido luzca lo más posible, ya que hacemos el sacrificio.
   El día de la fiesta se acercaba y la señora de Loisel parecía triste, inquieta, ansiosa. Sin embargo, el vestido estuvo hecho a tiempo. Su esposo le dijo una noche:
-¿Qué te pasa? Te veo inquieta y pensativa desde hace tres días.
   Y ella respondió:
-Me disgusta no tener ni una alhaja, ni una sola joya que ponerme. Pareceré, de todos modos, una miserable. Casi, casi me gustaría más no ir a ese baile.
-Ponte unas cuantas flores naturales -replicó él-. Eso es muy elegante, sobre todo en este tiempo, y por diez francos encontrarás dos o tres rosas magníficas.
  Ella no quería convencerse.
-No hay nada tan humillante como parecer una pobre en medio de mujeres ricas.
  Pero su marido exclamó:
-¡Qué tonta eres! Anda a ver a tu compañera de colegio, la señora de Forestier, y ruégale que te preste unas alhajas. Eres bastante amiga suya para tomarte esa libertad.
  La mujer dejó escapar un grito de alegría.
-Tienes razón, no había pensado en ello.
  Al siguiente día fue a casa de su amiga y le contó su apuro.
  La señora de Forestier fue a un armario de espejo, cogió un cofrecillo, lo sacó, lo abrió y dijo a la señora de Loisel:
-Escoge, querida.
  Primero vio brazaletes; luego, un collar de perlas; luego, una cruz veneciana de oro, y pedrería primorosamente construida. Se probaba aquellas joyas ante el espejo, vacilando, no pudiendo decidirse a abandonarlas, a devolverlas. Preguntaba sin cesar:
-¿No tienes ninguna otra?
-Sí, mujer. Dime qué quieres. No sé lo que a ti te agradaría.
  De repente descubrió, en una caja de raso negro, un soberbio collar de brillantes, y su corazón empezó a latir de un modo inmoderado.
  Sus manos temblaron al tomarlo. Se lo puso, rodeando con él su cuello, y permaneció en éxtasis contemplando su imagen.
Luego preguntó, vacilante, llena de angustia:
-¿Quieres prestármelo? No quisiera llevar otra joya.
-Sí, mujer.
  Abrazó y besó a su amiga con entusiasmo, y luego escapó con su tesoro.
   Llegó el día de la fiesta. La señora de Loisel tuvo un verdadero triunfo. Era más bonita que las otras y estaba elegante, graciosa, sonriente y loca de alegría. Todos los hombres la miraban, preguntaban su nombre, trataban de serle presentados. Todos los directores generales querían bailar con ella. El ministro reparó en su hermosura.
  Ella bailaba con embriaguez, con pasión, inundada de alegría, no pensando ya en nada más que en el triunfo de su belleza, en la gloria de aquel triunfo, en una especie de dicha formada por todos los homenajes que recibía, por todas las admiraciones, por todos los deseos despertados, por una victoria tan completa y tan dulce para un alma de mujer.
  Se fue hacia las cuatro de la madrugada. Su marido, desde medianoche, dormía en un saloncito vacío, junto con otros tres caballeros cuyas mujeres se divertían mucho.
  Él le echó sobre los hombros el abrigo que había llevado para la salida, modesto abrigo de su vestir ordinario, cuya pobreza contrastaba extrañamente con la elegancia del traje de baile. Ella lo sintió y quiso huir, para no ser vista por las otras mujeres que se envolvían en ricas pieles.
  Loisel la retuvo diciendo:
-Espera, mujer, vas a resfriarte a la salida. Iré a buscar un coche.
  Pero ella no le oía, y bajó rápidamente la escalera.
  Cuando estuvieron en la calle no encontraron coche, y se pusieron a buscar, dando voces a los cocheros que veían pasar a lo lejos.
  Anduvieron hacia el Sena desesperados, tiritando. Por fin pudieron hallar una de esas vetustas berlinas que sólo aparecen en las calles de París cuando la noche cierra, cual si les avergonzase su miseria durante el día.
  Los llevó hasta la puerta de su casa, situada en la calle de los Mártires, y entraron tristemente en el portal. Pensaba, el hombre, apesadumbrado, en que a las diez había de ir a la oficina.
  La mujer se quitó el abrigo que llevaba echado sobre los hombros, delante del espejo, a fin de contemplarse aún una vez más ricamente alhajada. Pero de repente dejó escapar un grito.
Su esposo, ya medio desnudo, le preguntó:
-¿Qué tienes?
Ella se volvió hacia él, acongojada.
-Tengo..., tengo... -balbució - que no encuentro el collar de la señora de Forestier.
Él se irguió, sobrecogido:
-¿Eh?... ¿cómo? ¡No es posible!
  Y buscaron entre los adornos del traje, en los pliegues del abrigo, en los bolsillos, en todas partes. No lo encontraron.
Él preguntaba:
-¿Estás segura de que lo llevabas al salir del baile?
-Sí, lo toqué al cruzar el vestíbulo del Ministerio.
-Pero si lo hubieras perdido en la calle, lo habríamos oído caer.
-Debe estar en el coche.
-Sí. Es probable. ¿Te fijaste qué número tenía?
-No. Y tú, ¿no lo miraste?
-No.
Se contemplaron aterrados. Loisel se vistió por fin.
-Voy -dijo- a recorrer a pie todo el camino que hemos hecho, a ver si por casualidad lo encuentro.
  Y salió. Ella permaneció en traje de baile, sin fuerzas para irse a la cama, desplomada en una silla, sin lumbre, casi helada, sin ideas, casi estúpida.
  Su marido volvió hacia las siete. No había encontrado nada.
  Fue a la Prefectura de Policía, a las redacciones de los periódicos, para publicar un anuncio ofreciendo una gratificación por el hallazgo; fue a las oficinas de las empresas de coches, a todas partes donde podía ofrecérsele alguna esperanza.
  Ella le aguardó todo el día, con el mismo abatimiento desesperado ante aquel horrible desastre.
  Loisel regresó por la noche con el rostro demacrado, pálido; no había podido averiguar nada.
-Es menester -dijo- que escribas a tu amiga enterándola de que has roto el broche de su collar y que lo has dado a componer. Así ganaremos tiempo.
  Ella escribió lo que su marido le decía.
  Al cabo de una semana perdieron hasta la última esperanza.
  Y Loisel, envejecido por aquel desastre, como si de pronto le hubieran echado encima cinco años, manifestó:
-Es necesario hacer lo posible por reemplazar esa alhaja por otra semejante.
  Al día siguiente llevaron el estuche del collar a casa del joyero cuyo nombre se leía en su interior.
  El comerciante, después de consultar sus libros, respondió:
-Señora, no salió de mi casa collar alguno en este estuche, que vendí vacío para complacer a un cliente.
  Anduvieron de joyería en joyería, buscando una alhaja semejante a la perdida, recordándola, describiéndola, tristes y angustiosos.
  Encontraron, en una tienda del Palais Royal, un collar de brillantes que les pareció idéntico al que buscaban. Valía cuarenta mil francos, y regateándolo consiguieron que se lo dejaran en treinta y seis mil.
   Rogaron al joyero que se los reservase por tres días, poniendo por condición que les daría por él treinta y cuatro mil francos si se lo devolvían, porque el otro se encontrara antes de fines de febrero.
  Loisel poseía dieciocho mil que le había dejado su padre. Pediría prestado el resto.
  Y, efectivamente, tomó mil francos de uno, quinientos de otro, cinco luises aquí, tres allá. Hizo pagarés, adquirió compromisos ruinosos, tuvo tratos con usureros, con toda clase de prestamistas. Se comprometió para toda la vida, firmó sin saber lo que firmaba, sin detenerse a pensar, y, espantado por las angustias del porvenir, por la horrible miseria que los aguardaba, por la perspectiva de todas las privaciones físicas y de todas las torturas morales, fue en busca del collar nuevo, dejando sobre el mostrador del comerciante treinta y seis mil francos.
Cuando la señora de Loisel devolvió la joya a su amiga, ésta le dijo un tanto displicente:
-Debiste devolvérmelo antes, porque bien pude yo haberlo necesitado.
  No abrió siquiera el estuche, y eso lo juzgó la otra una suerte. Si notara la sustitución, ¿qué supondría? ¿No era posible que imaginara que lo habían cambiado de intento?
  La señora de Loisel conoció la vida horrible de los menesterosos. Tuvo energía para adoptar una resolución inmediata y heroica. Era necesario devolver aquel dinero que debían... Despidieron a la criada, buscaron una habitación más económica, una buhardilla.
  Conoció los duros trabajos de la casa, las odiosas tareas de la cocina. Fregó los platos, desgastando sus uñitas sonrosadas sobre los pucheros grasientos y en el fondo de las cacerolas. Enjabonó la ropa sucia, las camisas y los paños, que ponía a secar en una cuerda; bajó a la calle todas las mañanas la basura y subió el agua, deteniéndose en todos los pisos para tomar aliento. Y, vestida como una pobre mujer de humilde condición, fue a casa del verdulero, del tendero de comestibles y del carnicero, con la cesta al brazo, regateando, teniendo que sufrir desprecios y hasta insultos, porque defendía céntimo a céntimo su dinero escasísimo.
  Era necesario mensualmente recoger unos pagarés, renovar otros, ganar tiempo.
   El marido se ocupaba por las noches en poner en limpio las cuentas de un comerciante, y a veces escribía a veinticinco céntimos la hoja.
  Y vivieron así diez años.
  Al cabo de dicho tiempo lo habían ya pagado todo, todo, capital e intereses, multiplicados por las renovaciones usurarias.
  La señora Loisel parecía entonces una vieja. Se había transformado en la mujer fuerte, dura y ruda de las familias pobres. Mal peinada, con las faldas torcidas y rojas las manos, hablaba en voz alta, fregaba los suelos con agua fría. Pero a veces, cuando su marido estaba en el Ministerio, se sentaba junto a la ventana, pensando en aquella fiesta de otro tiempo, en aquel baile donde lució tanto y donde fue tan festejada.
  ¿Cuál sería su fortuna, su estado al presente, si no hubiera perdido el collar? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Qué mudanzas tan singulares ofrece la vida! ¡Qué poco hace falta para perderse o para salvarse!
  Un domingo, habiendo ido a dar un paseo por los Campos Elíseos para descansar de las fatigas de la semana, reparó de pronto en una señora que pasaba con un niño cogido de la mano.
  Era su antigua compañera de colegio, siempre joven, hermosa siempre y siempre seductora. La de Loisel sintió un escalofrío. ¿Se decidiría a detenerla y saludarla? ¿Por qué no? Habíéndolo pagado ya todo, podía confesar, casi con orgullo, su desdicha.
Se puso frente a ella y dijo:
-Buenos días, Juana.
  La otra no la reconoció, admirándose de verse tan familiarmente tratada por aquella infeliz. Balbució:
-Pero..., ¡señora!.., no sé. .. Usted debe de confundirse...
-No. Soy Matilde Loisel.
Su amiga lanzó un grito de sorpresa.
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde, qué cambiada estás! ...
-¡Sí; muy malos días he pasado desde que no te veo, y además bastantes miserias.... todo por ti...
-¿Por mí? ¿Cómo es eso?
-¿Recuerdas aquel collar de brillantes que me prestaste para ir al baile del Ministerio?
-¡Sí, pero...
-Pues bien: lo perdí...
-¡Cómo! ¡Si me lo devolviste!
-Te devolví otro semejante. Y hemos tenido que sacrificarnos diez años para pagarlo. Comprenderás que representaba una fortuna para nosotros, que sólo teníamos el sueldo. En fin, a lo hecho pecho, y estoy muy satisfecha.
La señora de Forestier se había detenido.
-¿Dices que compraste un collar de brillantes para sustituir al mío?
-Sí. No lo habrás notado, ¿eh? Casi eran idénticos.
  Y al decir esto, sonreía orgullosa de su noble sencillez. La señora de Forestier, sumamente impresionada, le cogió ambas manos:
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde! ¡Pero si el collar que yo te presté era de piedras falsas!... ¡Valía quinientos francos a lo sumo!...